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BANDOLEROS EN LA SIERRA DE GAUCÍN
La Sierra de Gaucín, como antesala de la Serranía Ronda, descubre al viajero un paisaje abrupto, salvaje, intrincado y de difícil acceso. Caminos empinados y ásperos, la mayoría de ellos impracticables, incluso para las caballerías.

"Las cabras y los contrabandistas siguen siendo los ingenieros de caminos de la Serranía"

La Sierra y su entorno ofrecieron siempre las condiciones ideales para que bandoleros, contrabandistas y gentes fuera de la ley campasen a sus anchas, cometiendo toda clase de tropelías y crímenes.

En lo que a bandoleros y contrabandistas se refiere, no cabe la menor duda de que Gaucín fue escenario de primer orden. Sin embargo, pese a las condiciones geográficas y sociales de la zona, sólo hay constancia escrita de la existencia de un bandolero natural de Gaucín, Cristóbal Galvez, que asesinó alevosamente, de un tiro, en los alrededores de Jimera de Libar, al guardia civil de segunda clase Joaquín García y por cuyo motivo fue perseguido y capturado cuatro años más tarde por los guardias del puesto de Manilva José María Gómez y Manuel López Osorio, por lo que ambos fueron ascendidos de inmediato y felicitados por su General.

“Más de cuatro años hacía que se hallaba impune la muerte del Guardia de 2ª clase Joaquín García, que dependiendo del puesto de Gaucín, fue asesinado alevosamente de un tiro en las inmediaciones de Jimera de Libar. Perseguido desde entonces sin descanso el criminal que cometió aquel atentado, que lo fue Cristóbal Gálvez, natural de dicha villa de Gaucín, ha venido por último a caer bajo el fallo de la ley, siendo capturado en la tarde del 29 del mes próximo pasado por los Guardias del puesto de Manilva José María Gómez y Manuel López Osorio, por lo que ambos han sido premiados con el ascenso inmediato, mereciendo además las gracias de su General”

No obstante, conocemos al menos otros dos hechos que hacen referencia al bandolerismo en la villa de Gaucín. Uno, de tradición oral, con ciertos ribetes de romanticismo; se trata de la Historia del Tío Juaico; otro, histórico, la intrépida acción del Alcalde Mayor de Gaucín, don Francisco Gálvez y Fernández, contra la partida de Josef Moreno, alias Joselín.

Por tradición oral, transmitida de padres a hijos, conocemos de la existencia y la historia de un tal Tío Juaico,3  tristemente célebre por los muchos robos y crímenes que cometió y por los que fue juzgado, condenado a la horca y ajusticiado. El patíbulo se levantó en la Carrera, la antigua plaza de toros. Aún recuerdo que de niño oí relatar infinidad de veces la historia del Tío Juaico.

Contaban los más viejos que, cuando el verdugo fue a cumplir la ejecución, Tío Juaico, pidió, como última voluntad, liar un cigarro y que le dejasen hablar al pueblo reunido, para presenciar la ejecución. Ambas peticiones le fueron concedidas. Desde el patíbulo, con el cigarro entre los labios, habló de esta manera:

-"Madres que me escucháis, nunca debéis consentir que vuestros hijos traigan nada robado a casa; siendo niño, robé unas tijeras a una vecina, las llevé a casa y mi madre lejos de reprenderme la acción y hacerme devolver lo robado, me lo consintió; fue el inicio de una vida desgraciada y, por ello, hoy muero ajusticiado en la horca".

 

El hecho histórico anteriormente aludido hace referencia a la valentía desplegada por el alcalde de la villa de Gaucín, don Francisco Gálvez y Fernández, en el apresamiento de la partida de Josef Moreno, alias Joselín, cuyo cuartel general estaba en la cercana villa de Benarrabá. Esta heroica actuación le valió el nombramiento y los honores de Alcalde del crimen de la Chancillería de Granada, según el texto que se publicara en la Gaceta de Madrid, con fecha 7 de octubre de 1830.

"Los repetidos robos, asesinatos y demás violencias que de algunos meses a esta parte cometían impunemente varias cuadrillas de bandidos en los pueblos de la Serranía de Ronda habían hecho intransitables las comunicaciones de unos con otros, y reducidos sus habitantes a tal estado de opresión, que ni aún en sus propias casas podían considerase libres de sus asaltos, ni se atrevían tampoco, a pesar de serles bien conocidos los más de ellos, a denunciarlos a las autoridades, ni menos a perseguirlos éstas, por temor de experimentar sus venganzas y atrocidades, ejecutadas ya en otros.

El Alcalde mayor de Gaucín, en aquella serranía, don Francisco Gálvez y Fernández, que había principiado a perseguirlos, y aprehendido ya cuatro de esos criminales con el corto auxilio de algunos voluntarios realistas, tuvo noticias fidedignas de que esas cuadrillas se engrosaban cada día, pues pasaba ya de 50 el número de ellos, y que trataban de reunirse y pasar a dicha villa para poner en libertad a sus compañeros, asesinar al mismo Alcalde mayor, continuar sus excesos y atentados sin oposición y resistencia alguna, y acaso con el designio, todavía más execrable, de alterar el orden y la tranquilidad pública, de que afortunadamente se goza por efectos de las enérgicas medidas tomadas por el vigilante y activo Gobierno de S.M. para alejar y reprimir el desorden doquiera que se produzca.

El peligro de que se verificasen tan graves males era ya inminente, y su remedio mucho más difícil si se realizaba la reunión de los malvados antes de recibir auxilio de la componente fuerza armada que Gálvez había solicitado, y se le había ofrecido por el Capitán general. En aquellas críticas circunstancias, pues, deseoso de libertar a aquellos pueblos de tan triste situación, sin aguardar a la llegada del auxilio, y arrostrando todo género de fatigas y peligros, tomó este Alcalde mayor la intrépida y arriesgada resolución de atacar y exterminar a los malvados en el pueblo de Benarrabá, distante poco más de una legua de Gausín, donde sabía se hallaban reunidos sus principales cabecillas.

Formado a este fin por él mismo el plan de operaciones que le pareció más conveniente, y puesto de acuerdo con los comandantes de los voluntarios realistas de los pueblos de Ubrique, Algatocín, Benalauría y de la propia villa de Gausín, que con varios vecinos honrados y algunos oficiales de las milicias e ilimitados en ella se ofrecieron generosamente a tan laudable empresa, dispuso que en la noche del 27 al 28 de agosto último, y desde la una a los dos de ella, se situasen las indicadas partidas en los puntos más próximo al citado pueblo, designados a cada una. Ejecutado, pues, así exactamente por todas, y apenas habían ocupado sus respectivas posiciones, cuando apoco tiempo salió del citado pueblo de Benarrabá una cuadrilla como de 20 hombres, montados algunos de ellos, que se dirigían por el camino donde se hallaban apostados los voluntarios realistas de Gausín. Dado el "¿Quién vive?", porta avanzada de éstos, y habiendo contestado aquéllos con dos tiros, dispuso Gálvez que su gente tomase los dos lados del camino, y roto un vivo fuego de ambas partes, huyeron luego los malvados precipitadamente, los cuales, perseguidos con intrepidez por los voluntarios, vinieron a caer sucesivamente sobre los puntos que ocupaban las partidas de Ubrique y Algatocín, y fueron rechazados igualmente por el inesperado y bien sostenido fuego de éstas, que causó su completa derrota y dispersión, habiéndose dividido después dichas partidas para recorrer el campo y continuado el fuego por intervalos el resto de la noche, al perseguir los criminales en todas direcciones.

Al amanecer del 28 se reunieron las expresadas partidas en Benarrabá, conduciendo cinco de dichos bandidos que habían aprehendido, algunos de ellos heridos, y además muerto a Josef Moreno (alias Joselín), capataz de la gavilla, sin haberse experimentado desgracia alguna por parte de los voluntarios realistas. Restituido el expresado Alcalde mayor con los presos a Gausín, después de haber registrado el citado pueblo, y habiendo exhortado enseguida a algunas justicias de los inmediatos para la prisión de los fugados antes de darle tiempo para que volviesen a reunirse, se verificó la de otros 11, que también pusieron a disposición dichas partidas; por manera que al cabo de doce días logró reunir en aquella cárcel 20 criminales de la mencionada cuadrilla, incluso los cuatro aprehendidos antes de la referida acción, y que el feroz Joselín, capataz de ellos, haya recibido con su muerte el castigo tan merecido por sus atrocidades. Enterado, pues, S.M. con satisfacción del brillante resultado que han tenido las enérgicas y acertadas disposiciones tomadas por el benemérito Alcalde mayor de Gausín, don Francisco Gálvez y Fernández, para el exterminio de las indicadas gavillas de bandidos, y que con expresión de los sujetos que le han auxiliado en tan noble empresa refiere circunstancialmente en el parte que ha elevado al Ministerio de Gracia y Justicia con fecha 13 de septiembre último, y habiendo sido sobre el particular a su Consejo de señores Ministros, ha tenido a bien, conformándose con su dictamen, resolver, entre otras cosas, se imponga sin dilación a los reos aprehendidos el castigo correspondiente según las leyes a la enormidad de sus crímenes; que el expresado Alcalde mayor se le concedan los honores de Alcalde del crimen de la Chancillería de Granada, recomendándosele a la Cámara para que se le adelante en su carrera; que se instruya formalmente el oportuno expediente sobre el relevante mérito que han contraído los voluntarios Realistas y demás personas que han concurrido a la referida acción contra la dicha gavilla de bandidos para premiarlas debidamente y que se publique además en la Gaceta este importante servicio para su satisfacción y a fin de que tan recomendables pruebas de valor, unión y celo por la conservación del orden y tranquilidad pública se imiten por los demás Jueces y pueblos del reino." (Gaceta de Madrid, jueves 7 de octubre de 1830. Imprenta Real (Hemeroteca Municipal de Madrid, Ref. 2002-2039,/S/; pág. 496)

 

El 21 de agosto de 1845, fueron pasados por las armas, en las inmediaciones del castillo de Gaucín, los bandoleros Manuel Florez, (a) Caparrota y su compañero de fechorías Ramón Álvarez, salvándose de ser ejecutado otro miembro de la gavilla, seguramente el delator de sus compañeros, llamado Juan Antonio Espino.

 

«Boletín Oficial de la Provincia de Jaén del sábado 30 de agosto de 1845. Sección de Gobierno, n° 587.

Anunciando haber sido pasado por las armas el nombrado Caparrota y Ramón Álvarez, su compañero.

El Excmo. Sr. Capitán General de este distrito en 23 del actual me dice lo que sigue:

“Ayer a las dos de la tarde fueron pasados por las armas en las inmediaciones del Castillo de Gausín (sic) los ladrones en gavilla Manuel Florez (a) Caparrota y Ramón Álvarez, su compañero, conservando al de igual clase y cuadrilla Juan Antonio Espino.

Lo que he dispuesto se inserte en Boletín Oficial de la Provincia para conocimiento y satisfacción de sus habitantes. Jaén, 28 de agosto de 1845. Firmado.: José María de Campo»

 Bibliografía:

FORD, Richard.: Manual de viajeros por Andalucía y viajeros en casa. Reino de granada. Ediciones Turner. 1988. Pag. 11.

GUÍA, Revista de la Guardia Civil: (2-6-1853)

TRADICIÓN ORAL: El Tío Juaico debió vivir en la segunda mitad del s. XIX, según cuenta la tradición, en la década de los cincuenta, en una limpieza rutinaria del archivo del Juzgado de Gaucín, entre los legajos quemados se encontraban los papeles referidos al proceso seguido en Gaucín contra el Tío Juaico.

GARCÍA CIGÜENZA, Isidro.: " Los bandoleros en la Serranía de Ronda". Edt. Guadiaro. 1999.

INSTITUTO DE ESTUDIOS GIENNENSES. Boletín Oficial de la Provincia, núm. 100.

 
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