Inicio arrow Gaucín arrow Gaucín arrow REENCUENTRO CON LOS RECUERDOS
Música
Menú principal
Inicio
Presentación
Gaucín
Mengíbar
Galería fotográfica
Noticias
Artículos
Colaboraciones
Toro de cuerda
Enlaces
Libro de Visitas
Contactar
REENCUENTRO CON LOS RECUERDOS

Acabo de llegar de Gaucín, las dos últimas semanas las he dedicado al cuidado de las dolemias de mi madre, una artrosis deformante en las rodillas la ha tenido inmovilizada durante estos días, aunque ya, gracias a Dios, parece que está un poquito mejor y empieza a hacer sus peninos y da, con la ayuda del bastón, pequeños pasos en la casa. Estos días, aparte de ocuparme de la salud de mi madre, me ha quedado tiempo para leer, pasear por nuestro querido Gaucín y, sobre todo, para saludar a muchos paisanos y amigos.

En lo que respecta a la lectura, he  leído tres obras: «La mano de Fátima»,  de Ildefonso Falcones de Sierra, «Viajeros del XIX cabalgan por la Serranía de Ronda, El Camino Inglés», de Antonio Garrido Domínguez y «Yo, el río Jardín, autobiografía del Genal para jóvenes curiosos», editado por la  Fundación Nueva Cultura del Agua. Los tres libros me han gustado y, desde mi punto de vista, son muy interesantes, pues proporcionan una visión objetiva de los acontecimientos narrados. No me resisto a hacer una particular reseña de los mismos, por si a alguien le interesa.

Imagen de muestra

  «La mano de Fátima», se publica precisamente en este año 2009, en el que se cumple el  cuarto centenario de la expulsión de los moriscos de España. Nada  mejor que la lectura de esta obra para recordarnos  aquella infame decisión, por parte de los reyes cristianos, en un alarde de intolerancia, de expulsar a los moriscos de sus hogares y de su patria.

En esta novela, se relata de forma magistral la apasionante vida de un  joven morisco desgarrado entre dos culturas y dos amores, la historia de Ibn Hamid, para los musulmanes, Hernando Ruiz, para los cristianos o, simplemente, el nazareno, como peyorativamente le conocen unos y otros. Un  joven morisco de Juviles, en las Alpujarras granadina, que se ve envuelto en la vorágine de acontecimientos que significó la cruel guerra entre dos religiones enfrentadas a muerte, donde la intolerancia y la crueldad sin límites se dan la mano, donde la vida y la muerte están presentes a lo largo del relato. Las tragedias familiares, por una parte, y los amores y desamores, por otra, no son obstáculo para que este joven pelee por su libertad y la de su pueblo, nunca se dio por vencido y luchó hasta el final por alcanzar la convivencia pacifica entre las religiones cristiana y musulmana.

Falcones describe con todo lujo de detalles las agrestes montañas de la Alpujarras; la cosmopolita Córdoba, la otrora ciudad califal: con su mezquita catedral, su vieja medina, sus calles y su bullicio; el reino de Valencia y Aragón, especial mención a Segorbe; sin embargo, he echado de menos, por cercanía e historia, alguna alusión al levantamiento morisco de la Serranía de Ronda.

Imagen de muestra

En relación a la obra «Viajeros del XIX cabalgan por la Serranía de Ronda, El Camino Inglés», de Antonio Garrido Domínguez, he de deciros que Gaucín ocupa un lugar privilegiado, aparece hasta 81 veces a lo largo del libro, con la misma importancia que Ronda y Gibraltar. Nada mejor para su presentación que el texto que figura en la contraportada   del libro. Leamos: «En la convulsionada Andalucía del XIX, pocos trayectos se presentaron tan altaneros y retadores como el que, a lo largo de un centenar de kilómetros, transcurría entre Gibraltar y Ronda: abismos insondables, cumbres que se confundían con los cielos, caminos que no eran más que torrenteras y pinos resbaladeros. Bandidos, contrabandistas y aviesos caminantes, formaron, también, como costra añeja, parte de un paisaje lleno de escollos en el que tampoco faltaban valles grandiosos, corrientes cristalinas o sorprendentes pueblos.

Atravesando una región todavía olvidada y única, a través de cincuenta y cinco relatos reales e inéditos de ese trayecto, el libro ofrece la oportunidad de adentrarnos por un mundo en el que algo ha cambiado, aunque no tanto como querríamos. Un pormenorizado estudio previo y cien grabados e ilustraciones de la época, ayudarán al lector a realizar sin grandes sobresaltos un placentero viaje en el tiempo».

Es un libro muy interesante, de fácil y amena lectura, en lo referente a Gaucín, las citas son constantes. Gaucín no deja indiferente a nadie, es decir, que impresiona y deja su impronta en todos aquellos viajeros y viajeras que lo visitan.  Describen con todo lujo de detalles a sus gentes, a sus posadas, a su gastronomía, su blancura  y a sus  ajardinadas calles. No escatiman elogios en ponderar la belleza de sus mujeres y el lujo de sus fiestas donde se baila el fandango, el surito y el zapateado…

Sin embargo, lo que más me ha impresionado de la obra ha sido el relato que hace la aristócrata inglesa, Lady Emmeline Stuart-Worthley, considerada la más grande viajera del siglo. Lady Emmeline, acompañada de su hija Victoria, visita Gaucín en julio 1852, en su relato nos da cumplida cuenta de unos acontecimientos extraordinarios que están sucediendo en el pueblo en aquellos días de su visita. El pueblo está alborotado por el hecho de haber desenterrado a un religioso cuyos restos estaban incorruptos y  que, para colmo, se le atribuían dos milagros: la curación de una ciega y de un paralítico. La verdad, yo no tenía noticias de este acontecimiento, nunca he oído hablar del mismo ni a los más viejos del lugar, para mí ha sido una primicia. Los primeros en informarme fueron Francis Prieto y Paco Benítez que me recomendaron la lectura del libro que nos ocupa. Por lo visto el escándalo fue de tal magnitud que hasta el obispo de Málaga estaba presente en Gaucín ese día. No me resisto a transcribir  el pasaje del libro donde la viajera inglesa nos cuenta los hechos y de paso recomendar a todos los estudiosos de la Serranía de Ronda la lectura de esta importantísima obra de don Antonio Garrido Domínguez.

«Gaucín, una parada obligada en el viaje a Gibraltar, donde reponer fuerzas o dormir, acoge también a madre e hija para pasar la noche, la tercera y última de su recorrido. No llegan en un día cualquiera. Anda el pueblo alborotado porque desenterrado, sin saber nadie cómo, el cuerpo de un religioso, tras muchos años de permanecer sepultado, los restos están incorruptos. En la Posada del Sol donde se alojan, la dueña les refiere que el futuro santo ha sanado a una mujer de su ceguera y a un tullido de su pierna inválida. Las noticias de los sucesos se habían extendido por toda Andalucía y a miles habían llegado desde Málaga, incluido el obispo de la ciudad. Ahora, con la presencia de todos los habitantes y forasteros se le está dando, de nuevo, solemne sepultura.

Ya antes de llegar al pueblo, sin que supieran el motivo, las inglesas se habían tropezado con grandes caravanas de gente, de todas las condiciones, edades y sexos, que se dirigían al funeral: "las mujeres de hermosos dientes, ojos brillantes, pelo abundante y menos atractivo todo lo demás, vestían lujosamente y montaban en cientos de vivaces burros ricamente enjaezados de grana. Sonrientes muchachas y viejos de cabellos grises, con chaquetas bordadas y con enormes bastones en sus manos que les servían de ayuda para ganar sus agrestes aldeas; jinetes a caballo, armados hasta los dientes, bien trajeados, escoltando a un buen número de de mujeres a caballo, también, con adornos y enaguas más vistosas que ellas mismas.

La posada anda rebosante de huéspedes y animales, tanto que es otro milagro, igualmente, que tras haber sido rechazadas en otros dos alojamientos, hayan encontrado aquí dos habitaciones, una para ellas y otra para las criadas. El ambiente festivo que vive el pueblo, también se traslada a la posada, y mientras a las viajeras les preparan un guiso, unos estudiantes les ofrecen una serenata: "una docena de guitarras que tocaban varios grupos de estudiantes rivales, acompañando los respectivos instrumentos con sus mismas voces, considerablemente desafinadas, cantando aires diferentes en tonos, asimismo, desiguales: el fandango, el surito y el zapateado, todo con entusiasmo mezclado".

Hasta Gibraltar quedan en la mente de Emmeline y Victoria varias imágenes, como estampas para repasar del final de un viaje sin grandes sobresaltos: el descenso de Gaucín que conduce al caminante ("pobre mosca sobre una monstruosa pared") al valle de abajo; los interminables rebaños de ovejas y bueyes, al cuidado de pastores armados con la misma honda "con la que David derrotó a Goliat y la que otros pastores destrozaron los dientes a don Quijote"; y el río Guadiaro " trayendo sus revueltas aguas desde las sombras de Ronda, se sumerge tumultuosamente en el mar, cruel y peligroso, con su caudal crecido, en invierno; ahora, desprendido como buen samaritano, mitigando con su refrescante corriente al cansado viajero"». (pág. 299-230 de la citada obra)

 Imagen de muestra

Con respecto al libro «Yo, el río Jardín», he de significar que me lo regaló Francis Prieto, El Lince, que había asistido en Benarrabá a la presentación del mismo. José Antonio Castillo Rodríguez autor del texto de este interesante trabajo nos dice: «Esta autobiografía ha sido dictada por un río»; en el caso que nos ocupa, nuestro río no es otro que el Genal, que tanto ha significado, significa y significará para nuestra historia. El Genal, como río tiene un pasado glorioso, un presente preocupante y un futuro incierto; pues, nada hay más sensible que un río para acusar los desmanes que los humanos cometemos contra la naturaleza.

El río, casi siempre, nos habla con voz queda, nos cuenta su vida con sus alegrías y sus pesares, nos habla de su tierra y de sus gentes, de sus hijos menores los arroyos, de sus pueblos, de su flora y de su fauna; pero, a veces, enfadado es capaz de gritarnos desaforadamente, pues acusa como nadie que se le dañe, que se le contamine y se le maltrate con aviesos proyectos y trasvases.

La conservación del Genal y de su Valle es el legado más importante que debemos dejar a las generaciones venideras. Mi mayor deseo no es otro que ese hilillo de plata milagrosamente incontaminado, el Genal, siga fluyendo y vivificando indefinidamente  las riberas de su precioso Valle, hasta convertirlo en el Jardín soñado.

Pasear los recuerdos por las calles de Gaucín y estar con los amigos ha sido, como os decía al principio, otra de mis ocupaciones; sin embargo, he de decir que me hubiese gustado disponer de más tiempo libre para haber paseado por los alrededores de nuestro pueblo donde, por cierto, se ven muchas novedades en el paisaje, sobre todo nuevas construcciones y nuevos carriles, con la consiguiente mengua a la ancestral belleza del mismo.

Todos los días procuraba madrugar, con el objeto de poder pasear una hora por las calles y evocar recuerdos de viejos amigos de la infancia, de los que hace mucho no sé nada, pues andan repartidos por España, algunos en el extranjero y nunca coincidimos en las visitas a Gaucín. Desde esta página,www.gaucinalalba.com. hago un llamamiento a todos aquellos paisanos y amigos que lo deseen, se pongan en contacto conmigo a través del libro de visitas de dicha página y poder saber de ellos. Nombrar a todos es imposible, siempre se quedaría alguien atrás y eso no me parece bien. Lo dicho, espero vuestras visitas. Antes de volver a casa, procuraba  tomarme una manzanilla con gotas o un chiquito con Miguel Calvente, Francis Prieto o cualquier otro paisano. Me encanta hablar con Miguel Calvente, pues es un pozo de sabiduría y honda simpatía, siempre presto a sacar su vena poética sobre nuestro pueblo. La verdad, he pasado muy buenos momentos en su compañía.

 Imagen de muestra
 
Noticia de la presentación del libro de haikús "Nuevos Acentos", aparecida en periódico Ronda Semanal del 28 de noviembre de 2009
 
De Francis Prieto, al que agradezco las atención de traerme a casa el periódico Ronda Semanal y The Free Olive press, he de deciros que lo he encontrado muy ilusionado con la presentación, en Jaén, el próximo día 10 de diciembre, del libro de haikús «Nuevos Acentos» del que es autor, junto a otro gaucineño de pro, mi querido cuñado, Salvador Martín de Molina; al que, dicho sea de paso, no se le dan mal las rimas, ni los pinceles, ni otros menesteres. Enhorabuena a los dos.

 

 
< Anterior   Siguiente >
Patrocinadores

DTR_studio

Fisioterapia Maite Vázquez Martín

Contador de Visitas
Hoy                          208
Total                          113826