Inicio arrow Gaucín arrow Gaucín arrow «GAMUSINOS AL COSTAL, NI HAN VENIDO NI VENDRÁN»
Música
Menú principal
Inicio
Presentación
Gaucín
Mengíbar
Galería fotográfica
Noticias
Artículos
Colaboraciones
Toro de cuerda
Enlaces
Libro de Visitas
Contactar
«GAMUSINOS AL COSTAL, NI HAN VENIDO NI VENDRÁN»

El gamusino es un animal imaginario que se utilizaba en el medio rural de Gaucín y otros lugares de la geografía española para gastar bromas, tanto a niños como a gañanes,  cazadores novatos, etc..

El meollo de la broma consiste en hablar largo y tendido sobre el referido animal, hasta convencer al novato de que el gamusino es un animal pequeño y muy escurridizo, que sólo es posible cazarlo de noche, en plena oscuridad.

 

Imagen de muestra
Gamusino imaginario, mezcla de musaraña, pájaro y liebre.Dibujo de Miguel Vázquez González. 

 

 

         Para cazar gamusinos sólo hace falta un candil, un saco, un buen garrote, unas suelas de alpargatas para espantar a los gamusinos, los que montan la broma y el pardillo de turno que la sufre. En el caso que nos ocupa, la victima fui yo mismo. Allá por las Navidades de 1959, aprovechando que mi padre tenía que bajar por una carga de naranjas a la Huerta de la Carrasca, propiedad de los compadres Ordóñez-Gómez,  me fui a pasar unos días de asueto a la finca invitado por la familia.

         Al anochecer, durante la cena el compadre Ordóñez, para gastarme una broma,  propuso, a los allí reunidos que en cuanto fuese de noche oscura, ir a cazar gamusinos, indicado a los allí presente que Miguelín, como así me llamaban los allegados, fuese el portador del saco y el palo y  que ellos llevarían el candil y las talegas para meter los gamusinos  que fuesen cayendo en el saco.

A eso de las ocho y media se organizó la partida de caza formada por el compadre Ordóñez y sus hijos Antonio y Manolín; Chinita, hermano de la Muda, que estaba acomodado en la huerta, y la victima, que en este caso era yo. Hechos los preparativos, salimos por el camino que desde la casa-cortijo nos lleva al río Genal y divide la huerta en dos mitades. Antes de empezar la caza, el compadre Ordóñez da las órdenes oportunas, colocándome en el centro de camino con el saco y la chivata y el encargo de tener el saco abierto pegado al camino y de vez en cuando dar un palo a los terrones del borde de la vereda acompañado del sonsonete: «gamusinos al costal, ni han  venido ni vendrán». Mientras yo esperaba con ilusión la llegada de aquellos seres pequeños y esquivos, ellos se desplegarían por el naranjal para espantar a los animalitos que supuestamente se dirigirían al saco.  Pasado cierto tiempo, deje de ver la luz del candil entre el naranjal, pero no sentí miedo; muy al contrario, me encontraba animado y con la esperanza de que algún bichucho se colase en el talego  y poder regresar al cortijo triunfante de aquella cacería nocturna. Pero mi gozo en un pozo, transcurrieron más de dos hora y ni los gamusinos ni los cazadores espantadores de tales animalitos daban señales de vida. Aguanté otro rato, hasta que el ulular  del búho en los quejigos de arroyo me sobresaltó y decidí regresar a casa, por supuesto, con el saco vacío y un poco pasmado de frío.  

         Al llegar al cortijo, mi sorpresa fue mayúscula cuando vi a todos los componentes de tan nocturna cacería sentados al calor de la chimenea y muertos de la risa, con un lebrillo lleno de pajarillos pelados y dispuestos para el ajillo. Los muy granujas  mientras yo esperaba paciente,  haciendo el lelo, al borde al camino, ellos dieron buena cuentas, a la luz del candil y a alpargatazos limpios  de los gorriones y zorzales que dormían en las guindaletas de los naranjos y otros árboles de la huerta, fue en ese momento cuando caí en la cuenta de que me habían  tomado el pelo miserablemente.

Sólo traspasar el tranco de la puerta, los allí reunidos, entre risas y cachondeo,  se abalanzan sobre el saco para ver los gamusinos que había cazado, al ver el saco vacío más guirigay se formaba, al tiempo que me mostraban la lebrillá de pequeños volátiles, haciéndome creer  que en realidad eran el mítico animal que pacientemente yo había tratado de cazar con el saco.  

         A pesar de las risas y del cachondeito que me dedicaron, tomé la broma con buen humor, sirviéndome la experiencia para avivar y ejercitar el entendimiento y perder la timidez y la torpeza.

         Este episodio es real como la vida misma y lo viví en primera persona; sin embargo, hoy hablando por teléfono con mi madre me ha contado un caso que ocurrió a unos gañanes en el cortijo de la Mora, allá por los años treinta. Sucedió de la siguiente manera: - Los gañanes más viejos montaron la broma de la caza del gamusino a los novatos. Una vez anochecido, pusieron a los novatos apostados en la vereda del cerro de Sevilla, entre la Mora y el Indiano, con el saco y el garrote dándoles las instrucciones pertinentes. El  resto se distribuyó por las inmediaciones formando jaleo para espantar a los gamusinos y regresar al cortijo para esperar a que volviesen los tontitos del saco y el palo. Tras una larga espera, fueron llegando, la mayoría de ellos con el saco vacío, pero uno de ellos el más jovencillo de todos llegó gritando que había cazado un gamusino, y abriendo el saco apareció una hermosa liebre que luchaba denodadamente por escapar de aquella trampa. De esta manera, los burladores fueron burlados. No obstante, la broma tuvo un final feliz, a la mañana siguiente el manijero cocinó la liebre y toda la gañanía, sin salir de su asombro por lo sucedido, se encontró feliz y contenta con un desayuno extra a base de «gamusino-liebre».  

 
< Anterior   Siguiente >
Patrocinadores

DTR_studio

Fisioterapia Maite Vázquez Martín

Contador de Visitas
Hoy                          48
Ayer                          159
Semana                          330
Mes                          1773
Total                          527862