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VIEJOS OFICIOS: EL CALERO O "CALELERO"

El oficio de calero o “calelero” ha desaparecido en Gaucín, como muchos otros oficios que conocimos hasta la segunda mitad del s. XX. Calero o “calelero” es aquella persona que saca la piedra y la calcina en la calera y también aquel que vende cal; mientras que calera hace referencia a la cantera de donde se extrae la piedra  y también al horno donde se calcina o cuece la piedra caliza.

          Gaucín nunca tuvo problemas a la hora de ubicar las caleras u hornos para cocer cal, pues abundan por doquier las canteras de piedra caliza, así como los “jardales” donde obtener combustible. Este oficio siempre  estuvo vinculado a determinadas familias de nuestro pueblo, hasta el punto de existir en la actualidad un apodo en Gaucín, los “caleleros”, que alude a una familia en que su día se dedicaron a cocer y vender cal. 

         Las caleras eran estructuras utilizadas en tiempos pasados para obtener cal mediante la calcinación a elevadas temperaturas, 1000 ó 1200º C., durante varios días   de la piedra caliza, proceso mediante el cual se liberaba el dióxido de carbonato de las piedras, dando como resultado oxido de calcio o cal viva. Las caleras que recordamos en Gaucín estaban situadas sobre la falda de alguna loma o talud del terreno donde se excavaba una estructura circular y bastante profunda, “el vaso”,  la parte anterior se cerraba con un muro de piedra y en la parte inferior una tobera por donde se introducía el combustible.  El vaso en su interior tenía una especie de repisa circular sobre el que se iba armando la calera, procurando en todo momento que las piedras fuesen formando una bóveda que se cerraría con la piedra clave, una vez conseguida esta primera fase del armado el resto de las piedras se irían colocando encima hasta llegar a la altura del vaso y se abrigaba con tierras del entorno. Una vez terminado el proceso de armado, se procedía a encender el fuego que debería ser vivo y constante día y noche durante varios días. Una vez cocida la calera se dejaba enfriar unos días y se extraían los terrones de cal para ser vendidos en el pueblo y comarca. Me viene a la memoria la figura de nuestro paisano Antonio Marín, gran amigo de mis padres, dedicándose a transportar a lomos de mulos la cal que él mismo vendía por los pueblos del entorno, también Antonio fue el último calero que llevó la blancura y la calidad de la cal de Gaucín por esos mundos de Dios.

        

Imagen de muestra
Última calera de Gaucín. Foto Miguel Vázquez González

 

            La última calera que funcionó en Gaucín fue la de Rafael Martín, el Periqueto, situada en una ladera de la Sierra Hacho, frente al Tajo Hueco. Este horno tiene la particularidad de tener dos toberas y estuvo en activo hasta hace pocos años. Hubo otras caleras en las cercanías de Gaucín: Cerro Herrera, Las Limas, Sierras Espartinas, Los Romanes…, incluso existió una dentro del mismo pueblo en la calle del Convento, en el huerto de Antonio Godino, donde hoy están los  apartamentos de Silvia. Esta calera se construyó en desnivel entre dos bancales y para aprovechar los recortes de madera y el serrín de la fábrica instalada en el mismo predio.  

        En  Gaucín, la cal convenientemente apagada se empleaba para encalar o enjalbegar las paredes interiores de las casas, fachadas, embarradas  y como material de construcción mezclada con arena o tierra roja que se extraía de los terreros que había en la Viña de Rodón, donde hoy está el Hotel de Juan Márquez  y en el Camino de la Claridad, por detrás de la gasolinera. Hasta la generalización del uso del cemento en los años sesenta, todas las obras que se hacían en Gaucín utilizaban la cal y la tierra roja para hacer la argamasa como podemos observar en los desconchones o en los derribos de los inmuebles anteriores a esas fechas. La cal también es un poderoso desinfectante utilizado en ocasiones para echar sobre los cadáveres de los animales de labor muertos por epidemias para que, de esta manera, no se propagara la enfermedad. En estos momentos, ignoro si la cal en Gaucín tenía  algo que ver con la fabricación de tejas y ladrillos, extremo este que me puede aclarar desde Cataluña nuestro paisano Pedro Herrera, pues su padre fue también el último tejero de Gaucín, allá por mediados del s. XX,  y al que dedicaré, en otra ocasión, cuando recabe los datos necesarios, su correspondiente reseña.

         Por último, para finalizar  algunas creencias y dichos relacionados con la calera.

 

Superstición gaucineña:

«Las mujeres con la “cosa” no pueden pasar cerca de una calera cuando está cociendo, porque ésta sale cruda».

 

Esta frase se utiliza como amenaza o advertencia:

«Ten mucho cuidadito, no te vaya a salir cruda la calera»

 

Para expresar  que una persona es lujuriosa, muy propensa al apetito sexual: «Estás más caliente que las alpargatas de un calero»

Cuando alguien no se aclara, solemos decir:

«Éste da una de cal y otra de arena»

 

 
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