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NUESTRAS PLANTAS: EL ESPARTO, CULTIVO Y APROVECHAMIENTO
      Hace unos días, cuando escribí el articulo de la Sierra Hacho hice referencia al aprovechamiento del esparto como planta textil que convenientemente tratada se empleaba para hacer serones, espuertas, sogas, tomizas, esteras,  pleitas, cestas, calzado llamado alpargates o esparteñas e infinidad de artesanías, hoy desaparecidas en nuestro pueblo. Actualmente, que yo sepa, en Gaucín sólo queda un artesano del esparto, la palma y el mimbre, se trata de don Antonio Medina, al que alguna vez he visto vendiendo su arte en el mercado mensual de la Plaza del Santo Niño.

El esparto es una planta de la familia de las Gramíneas, con las cañas de unos 7 dm de altura, hojas radicales de unos 60 cm. de longitud, tan arrolladas sobre sí y a lo largo que aparecen como filiformes, duras y tenacísimas, hojas en el tallo más pequeñas. Tiene flores en panoja espigada de 3 dm de largo, y semillas muy menudas.

         El esparto es una planta esteparia, es decir, necesita de muy poca humedad para prosperar. Crece formando macollas dispersas, conocidas como atochas o esparteras, donde crecen los espartos. La  floración se produce en primavera coronándose la atocha de unas vistosas espigas, que convenientemente secas se usaban en Gaucín, como flor seca en vistosos centros.

         No vamos a poner en duda aquí la importancia que esta planta textil tuvo en nuestras sociedades agrícolas. Dependiendo para qué, se podía utilizar crudo o tal como se arrancaba de la atocha y cocido o enriado. Esta operación consistía en sumergir los manojos en agua, durante un mes con el objeto de ablandarlo y flexibilizarlo, una vez fermentado se sacaba del agua y se secaba de nuevo; más tarde se procedía al majado, sobre  un “mauro” de madera, con maza cilíndrica igualmente de madera. Así preparado, el esparto, nuestros artesanos sólo tenían que esperar los largos días de lluvia de nuestros pasados inviernos para ponerse manos a la obra y confeccionar todo tipo de primores.

         Decía en mi trabajo anterior sobre el Hacho la importancia de esta planta que crece salvaje en sus laderas; sin embrago, el toponímico se lo lleva la vecina Sierras Espartinas, supongo que por algo le llaman así. Bien, pues al hilo de esta referencia, encontré cosido al libro, “Arboricultura o sea cultivo de árboles y arbustos” editado en 1884, un documento inédito y curiosísimo sobre el cultivo de esparto que no me resisto a transcribir. El documento en cuestión, manuscrito con impecable caligrafía y ortografía,  está formado por tres cuartillas dobladas y cosidas con cáñamo al principio del tomo. Creo que su lectura puede ser interesante; pues, hasta haberlo leído,  creía que el esparto era una planta silvestre, tal como la había visto siempre en nuestras sierras y no una planta que se pudiese cultivar.

 

 

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Documento inédito sobre el cultivo de esparto.  

 

 

Leamos:  

        «De dos maneras se puede reproducir la atocha: por semillas y por descepes o lo que es lo mismo, por siembra y plantación. En el primer caso se prepara el terreno con una ligerísima labor de arado, o mejor con una rastra de hierro para que la simiente no pueda quedar profunda en ningún caso; se esparce la semilla a voleo y se cubre ligeramente con un rastro de madera, o haciendo pasar un rebaño sobre el terreno, que se encarga de cubrirlo con sus pisadas; la época más favorable es el principio del otoño, o más tarde, si las lluvias son tardías en la localidad. Para la plantación se comienza por abrir unos hoyos de 0m  15  a  0m 20  de profundidad, espaciados según la espesura que se quiera dar al espartal, y cuando la tierra se encuentra en buen tempero, se desprende la atocha cuidando de no herir el cepellón, se divide en tres o cuatro partes, con gran rapidez para que no se venteen sus raíces, y se entierran en los hoyos previamente preparados, comprimiendo la tierra con fuerza para aislar las raíces de las influencias atmosféricas. Los cuidados de entretenimiento quedan reducidos a limpiar la atocha de los viejos por medio de rastras de mano, de hierro o madera endurecida,  cuidando de no herir las raíces vigorosas, lo que ocasionaría la muerte de la planta. Cuando por efecto de la miseria del propietario, el aprovechamiento en malas condiciones, o la impericia  de los arrancadores, el espartal se empobrece y da escasos rendimientos, el método más económico y sencillo para si reproducción, consiste en quemar las atochas hacia el mes de Agosto, para que en las primeras aguas broten con gran vigor, y al tercer año se puede continuar su aprovechamiento, en las mejores condiciones.
            Si en todas las platas hay necesidad de someter la recolección a ciertos cuidados, en ningún caso, como al tratarse de plantas vivaces, que es preciso atender no solo  a la obtención del producto de buena calidad, si que también a la conservación de la planta de donde se cosecha: en las atochas es de tal influencia la época y modo de la recolección, que ocasiona con harta frecuencia la decadencia y una desaparición del espartal, sino atiende a esta segunda parte, y se abandona a manos imperitas , o codiciosas en demasía. En general puede decirse que una planta no adquiere el máximo de su desarrollo hasta la época de la floración, de ahí la circunstancia que habréis notado seguramente,  de que al tratar de una planta cualquiera, en que su aprovechamiento está constituido por sus tallos u hojas, siempre hemos fijado como época  más conveniente para la cosecha, la época en que se abren sus flores; en el esparto sucede lo propio y por tanto la recolección debe comenzar a primeros o mediados de Julio según el clima, y terminar antes de mediar el otoño. Cuando el esparto se cosecha antes de la época, indicada, es más herbáceo, más corto, menos pesado, su fibra es menos consistente, y amen de estas  de estas condiciones, que le hacen desmerecer, como la uña por donde se inserta en el tallo, no está completamente formada, está fuertemente adherida  en su base y rara vez se verifica el arranque sin lastimar considerablemente las atochas; y esto sin tener en cuenta, que en las primaveras suelen ser frecuentes las lluvias, el terreno no está más esponjado, y con el esparto suelen también arrancarse las raíces. Por el contrario,  si la cosecha se retrasa más allá del mes de Octubre, aunque el esparto está granado, se ennegrece y como las atochas han comenzado a moverse, sufren considerablemente.
         Generalmente se incurre en los dos defectos, principalmente en la provincias andaluzas: las demandas más considerables y aun los mejores precios, tienen lugar en las meses de Abril y Mayo, en que los jornaleros andan escasos de ocupación; y el afán de dinero por un lado, y la enorme creencia de que esta cosecha en nada perjudica a la llamada de otoño, y puede duplicarse el producto, hace que se de principio a la recolección en el mes de Mayo y en muchas ocasiones en Abril.
La segunda no se practica hasta mediado de Septiembre con el objeto de que terminada la recolección de cereales disminuya el precio de los jornales, y también para que haya más esparto; sin comprender que la atocha perdió mucho vigor con una cosecha prematura, y la segunda siempre debe ser desmedrada por el esfuerzo que la planta necesita para reponerse, precisamente en le época en que más escasea la humedad ambiente y más calientan los rayos solares.
            El arranque, se practica arrollando las puntas de esparto en un palito llamado arrancadera, y  tirando de él el esparto en dirección oblicua, después de haber apoyado el pie en la atocha para que el esfuerzo, no se vengan las raíces, se forman manchas o manadas de un decímetro de diámetro, que luego se disponen en haces para su transporte.
El esparto se aprovecha crudo, o como se extrae del atochar sin preparación ninguna, y cocido o enriado por cualquiera de los métodos que hemos indicado para las demás plantas textiles: en la fabricación del papel sufre un enriado especial que goza de las cualidades de los que hemos llamado al vapor y químico; cuya descripción, así como las operaciones de blanqueo, creemos fuera de este lugar.»
 
 
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