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EN ABRIL, CARACOLES MIL
     El caracol es un molusco gasterópodo, provisto de una concha espiral donde se refugia la  masa visceral y la cabeza cuando las condiciones climáticas no les son favorables
     Para desplazarse utiliza un pie musculoso y bien desarrollado continuamente lubrificado por un mucus que segregan las glándulas situadas en la piel del mismo. Los caracoles son hermafroditas, es decir, que un mismo individuo tiene los aparatos sexuales masculino y femenino o un aparato mixto, de forma que al aparearse dos de ellos, ambos se fecundan mutuamente con el esperma del otro. Ovíparos, pues una vez fecundados excavan un hoyo en la tierra húmeda y allí depositan los huevos, pasados unas dos semanas más o menos, dependiendo del clima, nacen los caracolitos que ya tienen el aspecto de los adultos.
 
 
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Caracoles del Jardín de Agraciana. Foto Miguel Vázquez Glez.
 
   En Gaucín los caracoles más abundantes y apreciados en gastronomía son: el caracol común de jardín o caracol terrestre común (Helix aspersa) y la cabrilla (Otala punctata). Igualmente son abundantes en los jardines gaucineños los caracoles terrestres conocidos como “Rumina decollata” y en las vegas del río Genal vive el “Acicula norrisi”, recientemente descubierto.
     En primavera, son muchas las personas que en Gaucín recogen caracoles para su cocinado y consumo. Los mejores caracoles son aquellos que se cogen en el jardín y Huerto de Agraciana y alrededores y su mejor época la primavera, en los días de llovizna. Los caracoles deberán cogerse vivos, y consumirlos lo antes posible, para evitar posibles y desagradables intoxicaciones al ingerir algunos en mal estado. Generalmente se toman como tapas en los bares, o como aperitivo o picoteo en casa. Mi madre nunca recogió ni guisó caracoles, porque, decía ella, eran muy trabajosos y nunca tenía tiempo de ponerse a hacerlos. Sin embargo, todas las primaveras los degustábamos, gracias a nuestros vecinos que cuando lo guisaban nos enviaban un plato para probarlos. Recuerdo con especial afecto a doña Antonia Furest García, que mandaba al Mudo a recoger los caracoles a nuestro huerto, a Diego Herrera López y, sobre todo, a nuestra vecina más cercana, Isabel Hidalgo Martín, todos ellos fallecidos. Celebraban los excelentes caracoles de nuestro huerto y los guisaban de maravilla, nunca faltó en nuestra mesa el presente de caracoles guisados en exquisita salsa.  Como homenaje a su recuerdo traigo a esta página dos recetas de mi libro “Gaucín, Gastronomía popular”   
 
Limpieza 
 
       Encerrados en un sitio seguro se tendrán en ayunas por espacio de veinte días. Luego se les dará de comer harina y se dejarán dos días más en reposo. Si, a la hora de lavarlos, se observa que la baba al endurecerse tapa el orificio de salida del cuerpo del caracol, ésta debe perforarse con la ayuda de la punta de un cuchillo. Se lavan en un lebrillo con agua tibia, frotándolos para que se desprenda li tierra y las adherencias de las conchas: se les dan varias aguas, echando sobre los caracoles dos o tres puñados de sal y un vaso de vinagre, hasta que no quede el menor indicio de baba; se les dejan reposar durante dos horas removiéndolos de cuando en cuando. 
 
Preparación
 
       Se ponen en una cacerola, y se vierte agua fría hasta cubrirlos, para que saquen el cuerpo; enseguida» se ponen a candela fuerte, cuando arranque a hervir, se modera el fuego y se dejan cocer durante diez minutos. Se escurren y guisan de la siguiente forma: Se pone una cacerola en la candela con bastante aceite, cuando esté bien caliente se sofríen: cuatro o cinco dientes de ajos, tres o cuatro pimientos rojos secos, una cebolla, un puñado de almendras peladas, perejil picado, tres hojas de laurel, una pizca de guindilla y nuez moscada, unos gramos de pimienta y clavos y una rebanada de pan; una vez refrito estos ingredientes se apartan y reservan. En el aceite se refríen dos o tres tomates maduros, desprovistos de piel y semilla, cuanto estén sofritos, se añade agua necesaria y un vasito de vino, se ponen los caracoles y se vierte sobre los mismos la salsa obtenida, en el mortero, con el refrito anteriormente reservado y sal, se dejan hervir durante tres horas. Se sirven calientes en cazuela de barro. 
 
Otro Guiso de Caracoles: AL ESTILO DE ANTOÑITA FUREST (Receta transcrita literalmente) 
 
       Se lavan los caracoles, se ponen a hervir, cuando arranquen a hervir se vuelven a lavar muy bien con una poca de sal y se vuelven a poner a hervir hasta que estén tiernos. Se pone aceite en una sartén y se hace un refrito con ajos, almendras, pan, cáscara de naranja, cascarilla, se maja todo con unos clavillos, cuando estén tiernos los caracoles se les quita el agua, se vuelven a lavar se les echa el aceite y todo el refrito majado con el agua correspondiente y vino blanco, al apartarlo se les echa un poco de picante.
 
      NOTA: Las recetas que ofrecemos no son aptas para personas delicadas del estómago, éstas pueden, al guisar caracoles, suprimir los condimentos más agresivos como son la guindilla y la nuez moscada, la pimienta y los clavillos. 
 
     Como colofón a este artículo, incluyo el himno que cantábamos allá por los años cincuenta para animar al equipo de fútbol local, posiblemente compuesto por nuestro sin par “Castoro”, quedando posteriormente como himno de toda una generación y que está relacionado con la recogida de caracoles.  Dice así: 
 
    Todos tenemos entendido,
    que el célebre bandido de Igualeja,
    fue constantemente perseguido
    y fue matado a tiros por la pareja.
    Cuentan que un sabio periodista,
    quiso hacer una entrevista a Arocha, el Temible,
    y para subir a la sierra
    tuvo que ir a Inglaterra
    por un dirigible.
    Y cuando aterrizó, un fulano que vieron,
    creyendo que era Flores,
    hacia él se dirigió y era Ramonino,
    cogiendo CARACOLES.
    ¡A la bim, a la bam a la bim, bom, bam
    Gaucín, Gaucín, y nadie más!.
 
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