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BODAS DE ORO DE PILAR Y SALVADOR
             Hace 50 años, un día como hoy 25 de enero de 1963, tras un largo e ilusionado noviazgo, contrajeron matrimonio en la Parroquia de San Sebastián de Gaucín (Málaga) Salvador Martín de Molina y Pilar Valdivia Toledano. Ya han pasado 50 años de este singular acontecimiento, continuación del compromiso leal y respetuoso, por parte de Pilar y Salvador, de sus votos matrimoniales pronunciados ante Dios y ante los hombres aquel día de feliz memoria. El compromiso no era otro que amarse, respetarse y honrarse todos los días de sus vidas y no caben dudas de que Salvador y Pilar lo han cumplido con creces, a pesar de las dificultades y avatares de la vida.
        
         En los tiempos que vivimos, permanecer tanto tiempo juntos es el fruto del amor, de un cariño diario, de paciencia, de constancia y del apoyo incuestionable de sus hijos y familiares. Como canta la poetisa Celia Romero:

 

«En toda esta vida juntos,
¡si se habrán cantado las cuarenta!
pero fieles a lo prometido
hoy brindan por los cincuenta»

 

            Hablar de Salvador y Pilar es muy fácil, pues son personas cercanas y cariñosas con los suyos. A Pilar, a la que profeso un especial afecto, la recuerdo de pequeño enseñándome el Catecismo en el cortijo de la Mora donde pasaba unos días de vacaciones con la familia Rubio-López. Aún me veo sentado junto a ella, en el sombrajo de la era, rezando las oraciones y, de camino, pasando calor  como Dios manda. Sólo una mujer puede dar sentido a la vida de cualquier hombre y Pilar lo ha conseguido con creces con el Molineta que el tocó en suerte. Madre ejemplar y mejor persona ha sabido, desde sus profundas creencias y valores, sobrepasar los malos ratos y disfrutar de los buenos que ha sido los más.   

De Salvador, que puedo decir de Salva, para mí una persona querida y admirada por su  afabilidad, sencillez, bondad y honradez.  Buen padre y mejor marido, amante de sus hijos y nietos a los que mima con inefable afán. Con la familia lo pasa en grande, sobre todo compartiendo mesa y mantel, de su hermanita Inmaculada le gusta todo y todo lo que cocina, pues dice le recuerda las comidas de su madre y, la verdad sea dicha, no le falta razón. Cualquier ocasión es buena para reunirnos en torno al fogón y degustar el rico guiso de patas, la ola con tagarninas o cualquier otro condumio gaucineño  acompañados, si puede ser, de unas buenas pertenencias y preparado con amor por las primorosas manos de Culala.   

 

En la celebración de sus Bodas de Oro estuvieron arropados por sus hijos, nietos y sus   respectivas parejas, sus hermanos, familiares y amigos. La renovación de los votos matrimoniales tuvo lugar en la Eucaristía que se celebró en la capilla de la Hermanitas de los Pobres y que estuvo presidida por los Rvdos.  sacerdotes don Jesús y don Pedro, capellanes de la Casa de Ancianos. La homilía, las peticiones y la acción de gracias estuvieron enfocadas a la puesta en valor de las virtudes del matrimonio cristiano representado en esta ocasión por Salvador y Pilar, así como  de la institución familiar, tan cuestionada y vituperada hoy en día. En ambos extremos Pilar y Salvador son un ejemplo para todos nosotros. En la mar océano de la vida han sabido superar juntos, con amor y paciencia, todas las tempestades y ventoleras de la vida, han sabido timonear el barco con sabiduría durante más de sesenta años, contado el noviazgo, hasta conducirlo a feliz puerto. El pasaje ha sido de lujo: tres hijos, cinco nietos y unos familiares con los que compartir el arribo. Tras el breve descanso en puerto, hoy iniciamos la  singladura hacia las Bodas de Platino, seguro que se agregaran nuevos pasajeros en forma ya de biznietos. Mientras tanto a disfrutar y gozar de la vida, que os lo merecéis. 

 

Tras los actos religiosos los recién casado nos obsequiaron con un espléndido banquete de bodas, en este caso de Oro,  en un acreditado restaurante de Jaén, donde degustamos exquisitos bocados gastronómicos y reino la alegría en primera y segunda división, jóvenes y no tan jóvenes. Llegado el momento se le ofrecieron a los novios presentes, destacando los traídos por Francisca desde Chile  y el retrato que le hicieron Piluchi y Maituchi, una auténtica  obra de arte, y otras chucherías para Pilar y Salva que le ofrecieron su hermanos y familiares. El retrato hay que enmarcarlo. El día terminó entre pucheros y lloros de emoción, sobre todo cuando la nietecita Maite leyó a sus abuelos unas palabras que les llegaron al alma. Salvador entre hipidos y lágrimas contenidas agradeció a todos los presente, tampoco se olvidó de los que ya no están con nosotros, el acompañamiento y apoyo prestado para la ocasión de sus Bodas de Oro. Como en toda boda que se precie no faltó el clásico arroz, el arrojar el ramo  de la novia hacia las jóvenes casaderas y el -que se besen los novios, que se besen los novios- Por último, Salva y Pilar, tus familiares os desean una feliz luna de miel y mucha, mucha felicidad. Resultó una jornada entrañable. Nos vemos, D.m. en las de Platino.

 
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