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PREGÓN DE SEMANA SANTA 2014
Pregón de Semana Santa pronunciado por Miguel Vázquez González, en la Parroquia de San Sebastián de Gaucín (Málaga), el sábado 12 de abril de 2014. El acto muy concurrido estuvo amenizado por un concierto de música sacra, marchas procesionales, a cargo de la Banda Municipal de Música Asociación Musical «Villa de Gaucín» y la intervención del saetero Moisés Díaz.

«OUR LENTEN CONCERT THE VILLAGE BAND WILL BE PLAYING ON THE SATURDADY 12st APRIL.20014, 7´00 p,m. IN CHURCH SAN SEBASTIAN. PREGÓN: MIGUEL VÁZQUEZ Y GUEST ARTIST: MOISÉS DÍAZ. DO COME TO LISTEN TO US. THANK YOU »

Por problemas técnicos, me es imposible ofrecer a mis estimados lectores el Pregón de Semana Santa de Gaucín 2014, intentaré realizar un resumen del mismo, hasta solventar las incidencias de la webs. Disculpen este   contratiempo. Gracias.

Empieza el Pregón:

Y tomando consigo a los doce les dijo: "Mirad que subimos a Jerusalén y se cumplirá en el Hijo del hombre todo lo escrito por los profetas. Porque será entregado a los gentiles, escarnecido, insultado y escupido. Y, después de azotarlo lo matarán. Luego resucitará al tercer día." (Lucas. 18, 31-33)

 
Reverendo Señor cura, párroco de San Sebastián, la iglesia que nos acoge. Excmo. Sr Alcalde, Autoridades, Vecinos de Gaucín, amigos todos:

La tarea de escribir un Pregón de Semana Santa es ardua y difícil, sobre todo si te lo piden a seis días vista, como ha sido mi caso. El tiempo en pensarlo, escribirlo y presentarme ante vosotros ha transcurrido en un cerrar y abrir de ojos; sobre todo, si se quiere hacer aunando razón y sentimiento y que resulte de una forma equilibrada.

En este Pregón van a encontrar un conjunto de sentimientos y al mismo tiempo una pequeña muestra del esfuerzo investigador por mostrar la Semana Santa de Gaucín, nuestro pueblo, con cierto sabor histórico.

Hoy me siento pregonero y os quiero decir que cuidemos con esmero nuestras tradiciones de Semana Santa; especialmente, aquellas que hacen alusión a la fe cristiana heredada de nuestros mayores. Nunca despreciemos el poder de la mirada de Cristo y el de las lágrimas de María, su santísima madre, porque es aquí donde radica la esencia de la fe cristiana. Sean esta mirada y estas lágrimas modelo y guía para toda nuestra    vida.

Si he sentido como un privilegio que se acordasen de mí para dar este Pregón, no os quiero ni contar lo que supone para este humilde gaucineño pregonar la Semana Santa de su querido pueblo.  Gaucín es mi ilusión y siempre lo llevo conmigo, con orgullo como un hijo a una madre. Gaucín me llena y me duele, me cautiva y me preocupa, me enamora cada día y me da vida.

Basta con pasear a cualquier hora por sus calles, sus caminos, las lindes de sus campos, ver sus manchones y pindolos en flor. Sin prisa, dejándose empapar por los propios pensamientos, sintiendo la brisa suave del Valle de Genal en la cara. Sus puestas de Sol por la Sierra Espartinas, que de pura belleza, enmudecen  a quien las disfruta, como si nos diese miedo  romper ese instante mágico con palabras torpes.  Y qué me dicen de sus noches de luna clara, porque… si hermosas son las puestas de sol, cautivadoras son las noches de luna clara. ¡Las he visto tantas veces desde diversos puntos de Gaucín!, que  he pensado que esa misma luna, la que adorna e ilumina las calles y campos de nuestro pueblo, fue testigo de los sudores de sangre, allá en el huerto de Getsemaní.

Deambular una tarde por sus calles, recrearse en sus aromas inconfundibles,  dejarse llevar por la fragancia de las plantas, por la quietud, por el reflejo del blanco de la cal, imaginar las escenas de las historias que ocurrieron en ellas en otros tiempos, escuchar los secretos de la piedra, de la embarradas, de los portales, del nombre de las calles… ésta es la esencia de nuestro Gaucín.  Y por eso el pregonero, con voz lastimera como los clarines de la madrugada, tiene que alzar la voz para reclamar esta esencia, para pedir que no se sigan perdiendo más tradiciones. Que no desaparezcan más huertos, que se conserven las costumbres ancestrales que son santo y seña de la identidad de un pueblo, como aquella antigua tradición del Jueves Santo que suponía el que el Alcalde recibiera la llave del Sagrario y la guardara hasta el sábado de Gloria. Somos nosotros, los gaucineños, los que tenemos que defender nuestro patrimonio, nuestra peculiaridad, nuestro estilo de sentir y de vivir.

   Pero es en Semana Santa donde Gaucín llega a su esplendor. El pueblo cristiano, vosotros, habéis vivido la cuaresma, habéis preparado todo con dedicación y esmero, nos hemos acercado a Jesús vivo, estamos preparando la fiesta de la siempre nueva Resurrección. Y eso se nota, aflora por todos lados. La gente presiente algo grande. Muchos lo confunden con una simple fiesta, pero aquí estamos nosotros para, con la ayuda del Espíritu Santo, decirles  que vuelvan  la cara a Cristo, que sientan cómo nos habla, que escuchen lo que nos pide a cada uno de nosotros…

     Ahora que se mezclan las inquietudes de siempre con los aromas de incienso y el Universo se abre a la Pasión del Señor, es el momento de la oración pausada, de la meditación profunda, del silencio sagrado…

Por lo tanto, queridos paisanos, miradme como si fuera uno de vosotros; ¡lo soy! y sobre todo, soy hijo del pueblo. Mis títulos y reconocimientos son los de ser hijo de Miguel y de María, la del Pino, y que por donde quiera que he ido he pregonado el nombre de mi pueblo y jamás he olvidado mi "patria chica".

Quiero hacer presente ahora aquellos años de mi niñez cargados de austeridad. No teníamos casi de nada pero vivíamos cada día con auténtica alegría. Eran otros tiempos, me atrevería a decir que más felices que los actuales, en los que jugábamos detrás de un aro o montados en el palo de escoba que simulaba un brioso corcel, o una patarra aparejada al estilo arriero, aquellos días de meriendas de pan casero –quiero decir, en su dureza habitual- con chocolate de la Mezquita, áspero y arenoso.

Un lugar privilegiado en mis recuerdos lo ocupa la Semana Santa gaucineña, allá por los años cincuenta y sesenta. En tiempos pasados, como recordáis los que tenéis ya una cierta edad, estos días eran propicios para los silencios, la penitencia, los acontecimientos con sordina, las campanas doblando, la matraca recorriendo las calles avisando a los vecinos de los actos litúrgicos, los sermones de las siete palabras y el recogimiento, que solo dejaban paso a la alegría cuando se cantaba el Gloria del Sábado Santo.

De niño, lo que más me llamaba la atención de la Semana Santa era aquel telón inmenso que tapaba a todas las imágenes de nuestro altar mayor y de todos los altares laterales, pensaba que ya no tenía santos a los que dirigir mis oraciones. También me impresionaban los pasos procesionales con las imágenes de Jesús Crucificado y de la Soledad; pero, sobre todas, destacaría la procesión del Santo Entierro por el estremecedor silencio que la acompañaba. Todavía recuerdo parte de una de las muchas saetas que cantaban a la Soledad, especialmente aquella que decía: «Virgen de la Soledad/ no tengas pena ninguna/que tu Hijo resucita/entre las doce y la una…»

Hoy, por su parte, se ha recuperado por parte de un grupo de personas y jóvenes gaucineños los actos procesionales que estuvieron desaparecidos durante algunos años y que son acogidos por numerosos fieles y se celebran, gracias a Dios, con recogimiento y respeto, ante la presencia de los vecinos. Quisiera destacar que en la última Semana Santa que pasé en Gaucín, me llamó poderosamente la atención la participación numerosa de las mujeres gaucineñas, con la mantilla tradicional, lo que puso de relieve, junto a su devoción, la belleza que atesoran.

  Gaucín vivía en aquellos tiempos y vive en la actualidad sus manifestaciones piadosas  con gran recogimiento y, sobre todo,   destacaría la vertiente íntima o sentido religioso de la rememoración de los acontecimientos centrales de la Semana Santa, para los que creemos en la trascendencia.

En nuestros días, la celebración de estos eventos me parece más sencilla pero, al mismo tiempo, más sincera y espontánea. Todavía los creyentes acuden a los actos cuaresmales, bien es verdad que las personas mayores son mucho más numerosas que la juventud. Pero se participa con mayor devoción e intensidad. La celebración penitencial de la Cuaresma sigue encontrando  en la Cruz el perdón y la misericordia…

A continuación, se hizo unas reflexiones de la Pasión según San Marcos donde aparecen en escena una serie de personajes, como sacados de nuestras propias vidas, de nuestro mundo de hoy…

Para  terminar:

Y no olvidemos en esta Semana Santa y siempre que, según el Papa Francisco, «Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza».

Quiero que mi despedida sea con el rezo de la "salve", a la Santísima Virgen María, madre de Dios y madre nuestra, bajo la advocación de Las Nieves, nuestra patrona, y quiero hacerlo en homenaje a mi madre y a todas las madres de nuestro pueblo que sin duda son las que mejor comprenden el dolor de la pasión. «Dios te salve, reina y madre…».
 
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