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ACTUALIDAD DE LOS VALORES Y LAS ACTITUDES EN EDUCACIÓN

La cuestión de los valores y de las actitudes pertenece de un modo implícito al campo de la educación. Hasta hace pocos años, se tenía un concepto cuantitativo del proceso formativo del hombre basado en niveles de instrucción sólidos y extensos, que colmaban todas sus aspiraciones y consolidaban el estatus personal y social de por vida.

En la actualidad, esta concepción carece de validez si no está implementada con una sólida formación en valores y actitudes. Vivimos una época caracterizada por cambios bruscos y radicales, que llevan a la sociedad a un alto grado de homogeneidad, en la que la mayoría de la población comparte patrones similares de conducta, los mismos gustos, las mismas opiniones, los mismos hábitos, etc. Además del alto grado de homogeneidad, otras notas características de los tiempos que corren son: una burocracia ampliamente extendida, unos poderosos medios de comunicación social y una conducta uniforme en el terreno de la ideología, de la opinión pública y de la mentalidad. Esta situación propicia un cierto desconcierto y desasosiego en el hombre que se siente, en algunos momentos de su ciclo vital, desbordado por los acontecimientos. Por ello, reclama para sí una formación integral, un aprendizaje permanente, es decir, necesita “aprender a aprender”, y una sólida formación en valores y actitudes positivas que le faciliten y preparen para el cambio; sólo así se daría cumplimiento al carácter mediacional de la educación. Es difícil encontrar situaciones educativas en las que, de un modo más o menos latente, no exista conflicto con la tabla axiológica del sujeto; una mera clasificación, el riesgo de una elección o incluso el esfuerzo de establecer una congruencia razonable entre la escala de valores y la vida diaria. El sistema educativo español, consciente de la necesidad de formar al hombre en valores y actitudes, a partir de los años setenta, ha incluido en sus leyes educativas más importantes – (Ley General de Educación, LODE. LOGSE) - la necesidad de educar en actitudes y valores. El paradigma educativo tradicional consideraba que el hombre estaba plenamente formado cuando había adquirido unos niveles de instrucción sólidos; olvidando, en muchos casos, aspectos tan importantes de la educación como son la tolerancia, la solidaridad, los hábitos de trabajo, la cooperación, etc. Este modelo no nos sirve, se ha quedado obsoleto, pues proporciona al hombre una educación incompleta basada únicamente en la instrucción. Actualmente, la sociedad demanda al sistema educativo una educación integral, basada en sólidos conocimientos científicos y humanos e impregnada de valores y actitudes positivas, que prepare al hombre para enfrentarse a un mundo en constante cambio. Para conseguir estos fines es necesario es necesario adoptar un modelo educativo que introduzca elementos de índole práctica y donde tengan cabida preferente las actitudes y los valores. Se considera que las actitudes y los valores son contenido expreso del proceso educativo del hombre, tanto en su vertiente vital y personal como en la dimensión cuantitativa y cualitativa del proceso educativo. Pues, son muchas las situaciones educativas que llevan implícita una valoración o el establecimiento de una escala axiológica. Desde el punto de vista del proceso enseñanza-aprendizaje, la inclusión en los programas de actitudes y valores cumplen una función cognitiva de primer orden, pues, facilitan y ayudan a la comprensión e integración del sujeto con su entorno, contribuyen, de alguna manera, a optimizar la vida del hombre, profundizan en la imagen de la realidad, convergen hacia un mejor conocimiento del mundo en que vivimos, fomentan la tolerancia y cumplen una función predictiva ayudando a un mejor conocimiento de nosotros mismos y de los demás. Por tanto, la educación en actitudes y valores puede ser considerada como un crisol de nuevos valores formativos y origen de la llamada Pedagogía Axiológica, mediante la cual se intenta, en la medida de las posibilidades, habilitar al hombre a una mayor capacidad de apreciación, valoración y disfrute de las cosas que le ofrece la vida. En definitiva, una educación que le proporcione los instrumentos necesarios para su liberación, que le libre de la atadura de las “cosas” y le capacite para el diálogo permanente consigo mismo y con la cultura. La finalidad última de la Pedagogía de los valores debe ser aquella que proporcione al hombre, llegado los momentos de cambio, una mejor calidad de vida; entendida, desde un ángulo integral del hombre, como algo consustancial al mismo y no desde un plano meramente material. Calidad de vida a la que todos deben tener acceso a través de los bienes culturales dados por la educación. Por último, algunas reflexiones sobre el triple contexto – (familiar, socio-cultural y escolar) donde el hombre se educa en actitudes y valores. Cada una de estas facetas constituye el referencial vital del hombre, el espacio donde se desarrolla e interactúa con los demás. Son, en definitiva, de suma importancia a la hora de educar en actitudes y valores. - La familia es el elemento clave para la enseñanza-aprendizaje de actitudes y valores. Constituye el entorno natural y primero del hombre. En la familia, las personas actúan e interactúan sentando las bases de la socialización. - El contexto socio-cultural influye, y de hecho lo hace, en la educación del hombre, a través de las creencias del entorno, corrientes de opinión, modas, etc. - El ámbito escolar es de capital importancia a la hora de afrontar la necesidad de una educación de calidad basada en la enseñanza-aprendizaje de actitudes y valores. El propio contexto escolar, desde los elementos que lo configuran, tiene una influencia decisiva en proceso educativo del hombre. En ocasiones, desde la óptica personal, como educador, me planteo muchas dudas e interrogantes sobre el tema que nos ocupa. Interrogantes tales como: ¿Por qué no se aborda, con seriedad y desde la escuela, la educación en actitudes y valores?, ¿Conocemos los profesionales de la educación la naturaleza de las actitudes y valores, su enseñanza y evaluación?. ¿Proporciona la Administración educativa los medios humanos y materiales para una eficaz educación en actitudes y valores?, ¿Cómo es posible educar en actitudes cuando en los programas priman más los contenidos?. En dar respuestas satisfactorias a estos y a otros interrogantes está la clave de lo que debe ser una educación integral del hombre. Educación que le permita la comprensión del entorno, el ajuste social y la manifestación de los valores que la sustenta.
 
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