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AL ALBA

 


                                                                                          Por Salvador Martín de Molina.

 

         Es una noticia sobresaliente, ver el nacimiento de una nueva página digital y, además, entrañable saber que estará dedicada en profundidad a nuestro Gaucín. Miguel Vázquez González, gaucinense de pro, aparte de Maestro –no solo de Primaria, sino de la vida- y cuñado mío, se atreve por fin a deleitarnos con su profundo saber de las cosas y costumbre de nuestro pueblo. No han podido hacerle mejor regalo –mi hermana Inmaculada y sus hijos- en estos momentos de su jubilación. Regalo que, al mismo tiempo, es para nuestro solaz.

 

         No hay nada más placentero que, al llegar a los sesenta, poder recibir el alba de un nuevo día. Con una renovada esperanza. Como yo digo en un ya viejo poema:

 

Ahora, que sólo  soy un eco / de tantas ilusiones rotas. / Ahora que nada tengo / de lo que quise ser: /    sólo recuerdos que / nadie escucha ni  / me interesan / acaso a mí. / Ahora, / pretendo renacer...

 

         Hasta el nombre de la página es acertado. “Al Alba”, como en el grito esperanzado de Luís Eduardo Aute, será una nueva partitura para nuestro deleite. Enmendando al cantautor, presiento que tras la noche, vendrá, no la noche mas larga, sino el día y su madrugada, las flores y los pájaros, las estrellas y las danzas y las alas…  y las cosas de Gaucín.

 

         A Miguel, que tanto le gusta la flora y la fauna de nuestra tierra, le vendrá bien la hora del alba, aquella en que,  sobre las tierras vírgenes de rocío mañanero, cantan los pajarillos de los que Miguel es un enamorado. En la hora previa al amanecer, todavía en la oscuridad, las aves lanzan sus cantos, brillantes y limpios, sobre la silenciosa y fría atmósfera del final de la noche. El chochín, directo y activo; el petirrojo en tono menor, suave y melancólico; la alondra de bosque, canta sin cesar mientras aletea; un ruiseñor sigue con sus trinos en un recital ininterrumpido. Todos esos cantos esperamos de Miguel, seguros de que nos llenaran de alegría.

 

         El primer cuento que escribió Augusto Roa Bastos, “La lucha hasta el alba”, se basaba en el versículo del Génesis que dice “Y quedose Jacob solo, y luchó con él una Persona hasta que rayaba el alba” y, refiriéndose al protagonista decía “cada uno es lo que es y que no arrienda compararse con los otros”. Me consta que Miguel no puede compararse con nadie, es único en su percepción de la vida, considerada como un  regalo, como una alegría permanente. Y estoy seguro de que eso se reflejará en su página Web recién estrenada. Y, como el escritor paraguayo nos dice del abuelo, "Entregó su espíritu en las manos de Dios. Le devolvió su vida en buena vejez, anciano y lleno de días" es lo que, de seguro, le espera a Miguel para que nos siga escribiendo en el rotoso cuaderno de los días, a la luz del tenue reverbero del alba.

Recuerdo el verso de Jorge Guillen “Vibra el alba hacia un nido / sobre un exánime resto de noche y zozobra… Atención, escuchad, el alba es una obra”.

 

         Esto es lo que espero de la nueva y luminosa página de nuestro Miguel.

 
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