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LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA (Parte I)

 

(Bosquejo histórico)

"Acordaos de cuando erais niños; de cuando vuestro padre, aquí amado de todos, os envió a esta casa -donde yo prediqué siempre el saber sobrio - para aprender dos cosas, las mismas que AQUILES : a decir bellas palabras y ejecutar nobles hechos"- (COSSIO).1



JUSTIFICACIÓN

Hace más de cien años un andaluz, insigne maestro, nacido en Ronda (Málaga), D. Francisco Giner de los Ríos y un puñado de decididos colaboradores proyec­tan y ponen en marcha la Institu­ción Libre de Enseñanza (I.L.E), con el único fin de regenerar y mo­dernizar a España por la educa­ción. Estos hombres estaban ple­namente convencidos de la inefi­cacia del sistema educativo oficial, anquilosado en el pasado, con una metodología arcaica y, por supues­to, carente de libertad. Decidida­mente, quieren acabar con esta si­tuación, y es por lo que, desde la Institución, acometen la Reforma Educativa más profunda, seria y sistemática que jamás haya cono­cido nuestro sistema educativo.

Durante el Curso Escolar 92/93 se inicia el proceso de ge­neralización de la LOGSE, y hoy, como entonces, Andalucía y Es­paña necesitan que la Reforma Educativa resuelva seria y profun­damente los problemas seculares que en materia educativa tienen planteados la sociedad en general y los educadores en particular. ¡Ojala! alguien, emulando a D. Francisco Giner de los Ríos, apor­tara algo de aire fresco a la situa­ción de desaliento constante que, por muchos y variados motivos, viven la mayoría de los profesio­nales de la educación, para poder hacer frente, con ilusión, a los cambios que con perspectiva progresista y de mejora de la calidad del proceso educativo nos trae la LOGSE.

Como maestro y como ciu­dadano quisiera, con este bosque­jo histórico, rendir mi reconoci­miento y admiración a aquellos hombres que supieron dejar todo, incluso la seguridad y el prestigio de una cátedra universitaria, en pro de una mayor libertad y cali­dad de la educación.

L- INTRODUCCIÓN.

Todo trabajo histórico-educativo, ha de situarse en las co­ordenadas espacio-temporales, es decir, los hechos educativos ocu­rren "aquí y en un determinado momento". España en la segun­da mitad del s. XIX, por muchos y variados motivos, ve acentuada su decadencia: decadencia que se refleja en el mundo educativo y universitario. Este era el marco histórico que encontraron los hombres de mediado de siglo pa­sado, un grupo de ellos capitanea­dos por D. Julián Sanz del Río, se imponen el sacrosanto deber de terminar con aquellas "España se­cular", con decidido espíritu, se lanzaron a la "regeneración" por la educación del pueblo español "postrado" hasta cotas vergonzo­sas en lo que a la misma se refie­re.

La Circular de OROVIO, significa un paso atrás en la con­quista de las libertades tan penosamente conseguidas a lo largo del siglo, crea un clima de malestar de tal magnitud en la Universi­dad, que muchos Profesores son expedientados y separados de sus cátedras; otros muchos en soli­daridad con sus compañeros, pre­sentan su dimisión al Ministro, quedando así planteada la IIa Cuestión Universitaria.

Dentro de este clima bo­rrascoso, emerge con la fuerza que le da la razón, una esperanza para el estamento educativo español: la I.L.E. (Institución Libre de Enseñanza), fundada en Madrid en 1.876 por D. Francisco Giner de los Ríos, con el propósito del cultivo de las ciencias especial­mente por la enseñanza, y al mis­mo tiempo salvaguardar el "sagra­do" principio de la libertad e in­violabilidad de la ciencia.

La I.L.E. en su algo más de cincuenta años de vida, constitu­ye un hito histórico en la educa­ción española, escribiendo una de las más completas páginas de pro­gresismo y modernidad, algo des­conocido para la "España oficial". Gracias a la I.L.E., varias genera­ciones de "institucionalistas" sien­tan las bases de la España moder­na. La I.L.E., a pesar de sus tópi­cos y detractores, significó algo más que un centro educativo, era una institución para formar hom­bres, hombres comprometidos consigo mismo y con España, al tiempo que presentaba una corriente de pensamiento de enfoque y acción de línea muy avanzada y europea.

                    


         Significa la mo­dernidad en lo que a educación se refiere: (metodología, princi­pios, organización, trato al pro­fesorado, etc.). Marcan una si­tuación sin precedentes en el pa­norama educativo español del s. XIX. Entre sus logros más des­tacados podemos citar : la Junta para Ampliación de Estudios e In­vestigación Científica, Centro de Estudios Históricos, Museo Antropológico, Instituto Nacio­nal de Física y Química, labora­torio de Histopatología, de Fisio­logía y Bacteriología, Residencia de Estudiantes, Ateneos, Colonias Escolares, Misiones Pedagógicas, Museo Pedagógico Nacional, en­tre los más sobresalientes.

Sirvan estas líneas de reco­nocimiento a los hombres que hi­cieron posible, a través de la I.L.E., en sus distintas épocas, esta magna obra educativa. Gracias a hombres como : Altamira, Alvarez Santullano, Azcárate, Barnés, Cossío, Castillejo, Costa, Fernan­do y Francisco Giner de los Ríos, H. González Serrano, González Posadas, Labra, Luzuriaga, Llorca, Maeztu, Sanz del Río, Simarro, ... y muchos más peda­gogos ilustres que fueron prota­gonistas y desempeñaron un des­tacado papel en la educación es­pañola del primer tercio del siglo XX.

II.- LA PROPUESTAPEDAGÓGICA DEL  KRAUSISMO ESPAÑOL.

Alrededor de 1.840, un grupo de juristas españoles entre los que se encuentra D. Julián Sanz del Río, buscan una doctri­na política que propicie el proce­so "regenerador" de España den­tro del pensamiento liberal.

El primer contacto que mantiene Sanz del Río con la fi­losofía de Friedrich KRAUSE

(1.781 - 1832), fue a través de un curso de Derecho Natural, dado en la Sorbona (1.833) por un exilado alemán, Heinrich ARENS, discípulo de Krause. El texto de este curso fue traducido al español por Ruperto Navarro Zamorano miembro del grupo de amigos de Sanz del Río.

En 1.843 es enviado, como experto en temas alemanes, a rea­lizar un viaje por Europa, con el encargo de estudiar durante dos años las doctrinas que han hecho de Alemania una potencia en to­dos los terrenos, principalmente en el científico y el Universitario.

Durante su estancia en Bru­selas, se entrevista con Ahrens para exponerle su proyecto, ad­virtiéndole éste de la importancia y profundidad de su misión y an­ticiparle que no bastaría con en­contrar una teoría política o so­cial, sino que sería necesario en­contrar una nueva filosofía. Na­turalmente esta filosofía es el plan­teamiento del Sistema de Krause, el cual fue definido durante la conversación como: " La investi­gación ordenada y sistemática de las causas sucesivas, de los hechos que están al alcance, y del conoci­miento por medio de estas de una causa suprema". Esto es filosofía.2

A partir de este momento y a lo largo de toda su vida D. Julián, elaborará una filosofía que, fundamentalmente basada en Krause, aunque con aportaciones de Hegel y Fichte, dará como re­sultado su propio sistema perso­nal, al que modestamente llamó Krausista-, su pensamiento filosó­fico, el realismo racional o armó­nico. Este sistema viene a propo­ner un programa de acción moral al individuo que obliga al perfec­cionamiento continuo, A partir de la concepción del mundo entero como desarrollo de una esencia divina, defiende lo que los krausistas llaman "panteísmo". Y

"el Hombre, -como dijo Sanz del Río- siendo el compuesto armónico más íntimo de la naturaleza y el espíritu, debe realizar histórica­mente esta armonía y la de sí mis­mo con la humanidad, en forma de voluntad racional, y por el puro motivo de esta su naturaleza en Dios". Este ser humano al interiorizarse y analizar su interior se va a encontrar con Dios. Se­gún Krause, se trata de una intui­ción suprema. Como consecuen­cia, nuestro deber será reprodu­cir en nuestra vida la del Ser su­premo. La educación, ayudando a realizar un orden que se espera, cobra un valor fundamental.

Cuando D. Julián vuelve a España es krausista, dedicándose a una preparación profunda para más tarde pasar a la labor de difu­sión. Desde su cátedra universi­taria Sanz del Río, pronto se vio rodeado de un grupo de profeso­res dispuestos a seguirle en la "obra religiosa" que creían debía ser la Universidad, así como en un movimiento de renovación de Es­paña a través de la renovación de cada uno de sus individuos. Ha nacido el krausismo español, un grupo de reformadores de aque­lla España decadente y que sen­tían en lo más profundo de sus conciencias. Como todo lo inno­vador en España, este movimien­to produjo enfrentamientos con los españoles de la "España ofi­cial", enemigos de todo intento renovador, y con la Iglesia de la que los krausistas, aunque profun­damente religiosos, se vieron for­zados a separarse.

III.- D. FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS. FORMADOR DE HOM­BRES.

D. Francisco Giner de los Ríos nació en Ronda (Málaga) en 1.839. Cursa estudios universita­rios (Leyes) en Barcelona y Granada. Pero a partir de 1.863, que trasladado a Madrid y siguiendo los cursos de Sanz del Río, cuan­do encuentra su verdadera trayec­toria intelectual, siendo profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Central, a la que re­nunció en 1.867 en un gesto de solidaridad con Sanz del Río.

Durante el periodo 1.868 -73, no participa activamente en política, cosa que jamás hizo, pero colabora en el intento de elabo­rar una nueva legislación docente y también en los proyectos de le­gislación penal durante el Gobier­no Salmerón. En 1.875 sobrevie­ne la conocida represión que da origen a la IIa "cuestión univer­sitaria" y como consecuencia la creación de la Institución Libre de Enseñanza en 1.876. A partir de entonces Giner entra por la puer­ta grande de la historia de la cul­tura española. Repuesto en su cátedra en 1.881, desde entonces la simultaneó con su labor al fren­te de la Institución. Hasta su muerte en 1.915 fue el inspirador y alma de la misma.3

 

J. Castillejo, lo retrata así: “Giner, tenía cuerpo y cara de ára­be, el poder sugestivo y la agudeza lógica de un Sócrates moderno, se­renidad estoica combinada con una pasión ardiente y romántica, dignidad aristocrática andaluza mezclada con un ágil ingenio y mo­dales simples y democráticos, un temperamento asceta oculto bajo un amor a la vida de insaciable curiosidad por la ciencia, la natu­raleza y la humanidad".

 

D. Francisco Giner de los Ríos, fundador de la I.LE., es el maestro de una, y aún de varias generaciones ilustres, y en su fi­gura se condensa, a la sombra ini­cial del krausismo, los ideales pro­gresistas de renovación política e intelectual de una España postra­da.

 

El gran empeño de Giner, que durará toda su vida, lo resu­me Pioján en dos palabras : "Ha­cer hombres". Esta fue la obra len­ta pero segura de su vida. Giner, está convencido de que la educa­ción de su época producía ante todo "profesionales", pero difícil­mente hombres. El humanismo de Giner sigue las corrientes filosó­ficas del XIX, pero sobre todo la filosofía krausista. Su magisterio buscará al hombre para iniciarlo desde dentro en el misterio de su alto destino humano-krausista.4

 

La tradición pedagógica es­tricta de Giner de los Ríos parte de la más pura tradición russoniana, el hombre universal. El fin de la educación era para él la formación multifacética de la per­sonalidad, acentuando los aspec­tos éticos. Esta educación debía ser integral (física, estética, inte­lectual y moral) y debía estar ani­mada por un permanente activismo pedagógico y por la creatividad más libre.

IV.-  LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA.

El detonante, la Circular de Oro vio.

“Que vigile V.S. con el ma­yor cuidado para que en los esta­blecimientos que dependen de su autoridad no se enseñe nada con­trario al dogma católico ni a la sana moral, procurando que los profesores se atengan estrictamen­te ala explicación de las asignatu­ras que les están confiadas, sin ex­traviar su espíritu dócil de la ju­ventud por sendas que conduzcan a funestos errores sociales...

... Por ningún concepto tole­re que en los establecimientos de­pendientes de ese Rectorado se ex­plique nada que ataque, directa ni indirectamente, a la monarquía constitucional, ni al régimen político, casi unánimemente aproba­do por el país...

Si, desdichadamente, V.S. tuviera noticias de que alguno no reconoce el régimen establecido o explicara contra él, proceda sin ningún género de consideración fi­la formación del expediente opor­tuno".5       

La Circular de Orovio cer­cenaba desde su raíz la libertad de cátedra y la inviolabilidad de la conciencia científica, al obligar o al menos insinuar la firma de ad­hesiones a la forma de monárqui­ca de gobierno, a la religión cató­lica, o a las llamadas reglas de la sana moral o al atenerse obliga­toriamente a programas y libros de texto.

La I.L.E., nace en 1.876 como consecuencia de la llamada "II- Cuestión Universitaria" para salvaguardar la libertad. "La de­fensa a ultranza de la libertad de enseñanza". Por esta causa, un grupo de profesores universitarios no aceptaron tales medidas, por lo que fueron expedientados y alejados de sus cátedras.

El grupo de krausistas ele­van escritos de protesta y dimiten de sus cátedras ante lo que consi­deran una violación del derecho de libertad de enseñanza. Cuan­do el protagonista es Giner, el problema se agudiza, máxime porque a media noche se le obli­ga a salir desterrado y confinado a Cádiz.

Durante su destierro Giner madura el proyecto de creación de una institución para desenvol­ver esa libertad en toda su ampli­tud e intensidad, para lo cual hu­bieron de salir del sistema educa­tivo oficial por un pequeño por­tillo que le dejaba la Constitución de 1.876, en un párrafo de su ar­tículo 12. "Todo español podrá fundar y sostener establecimientos de instrucción o de educación con arreglo a las leyes".


 

De esta forma, alejados de la tutela oficial se crea la I.L.E., siendo el primer y más serio paso dado en España en ma­teria educativa; también nacía la independencia de la investigación científica y de la función del pro­fesor. Su libertad para diferenciar­la de las otras "libertades de en­señanza", hundía sus raíces en el más puro y coherente liberalismo, situándose en la sociedad civil sin ninguna conexión con el Estado. Ello se manifiesta en que nunca pidieron ni acep­taron subvención oficial alguna, y jamás solicitaron ni desearon homologación o convalidación de sus estudios.

Rechazando las subvencio­nes protegían la libertad, la cual podría verse amenazada por la dependencia económica. En cuanto a la "homologaciones" no interesó nunca porque el proyec­to educativo de la I.L.E. huía de todo dogmatismo o utilitarismo y por tanto alejado de la "oficiali­dad", por lo que más bien ten­dieron a hacerlo "inútil" en una cierta acepción del término.

 

Por Miguel Vázquez González. Maestro y Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación

 

Este artículo fue publicado en la Revista “LICEO”,  de la Asociación Universitaria de Estudiantes de Humanidades y CC de la Educación de la Universidad de Jaén,  en junio de 1997. 

 

 
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