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EL PUENTE NUEVO: UNA VISTA IMPRESIONANTE, UNA MAGNÍFICA OBRA DE INGENIERIA.

 

 

Por Jesús Antonio Vázquez Martín

 

Según la R.A.E., Estética (Del gr. «propio de los sentidos») es la "Ciencia que trata de la belleza y de la teoría fundamental y filosófica del arte". En el concepto de estética se encierra no solo la percepción sino el placer, y los objetos que lo causan son varios y de diferente naturaleza. Comprende asimismo, la belleza, en su sentido ordinario. La estética práctica consiste en la determinación de una base racional para la crítica artística, que permita, en ingeniería, distinguir una obra de arte de otra puramente utilitaria.



 

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A la hora de valorar la estética de  una obra de ingeniería civil las circunstancias y el estado de ánimo son factores importantes; un medio ingrato puede robar la belleza a una obra de arte o a la misma Naturaleza. Las asociaciones mentales del individuo influyen en el proceso; una cosa puede considerarse bella por lo que sugiere personalmente al observador. Son asimismo de vital importancia los sentimientos y emociones nacidos al conjuro de una experiencia estética. Estos sentimientos no son siempre sensaciones de simple deleite sino también reafirmación, inspiración, estimulo, etc. Con esto lo que quiero remarcar es que la contemplación de una obra de ingeniería, de la categoría del Puente de Nuevo de Ronda, no te deja indiferente sino que despierta sentimientos de admiración e incluso llega a proyectarte mentalmente en la obra contemplada, alcanzándose un cierto nivel de empatía.

D. Juan José Arenas, en la primera bienal de arquitectura e ingeniería civil celebrada en Madrid y Alcalá de Henares, afirma que: "en ingeniería, la emoción ha estado prohibida siempre". Sin embargo, en su intervención introduce, de manera genial, en el lenguaje del ingeniero conceptos como cultura, arte, formas, estética. Igualmente, el autor del puente de la Regenta, en Asturias, propone un tipo de profesional en el que confluyan, por un lado, un alto grado de preparación científica y técnica y, por otro, una sólida formación en valores culturales y humanísticos. Dice: "El hormigón tiene forma, color, textura y hay que pasarle la mano. La ingeniería estructural se debe unir al diseño de las cosas bien hechas, no por capricho. La estética debe preocupar tanto como los tensores". Aboga, en definitiva, por una conciliación entre la obra bien hecha y la calidad artística de lo construido.

Los puentes, obras singulares de ingeniería, crean paisaje, tanto si se alzan en plena naturaleza como si forman parte del entorno urbano, poseen una relación privilegiada con el paisaje, llegando a convertirse, en muchos casos, en parte de éste, cuando encajan correctamente en una topografía concreta. Un puente bien resuelto (como es el Puente Nuevo de Ronda  que nos ocupa) e insertado en su entorno ofrece al espectador la sensación de que, si la obra erigida no existiese, el valle o el río quedarían incompletos y desasistidos. Cuando se produce esta integración, el puente trasciende el plano de la técnica y se convierte en movimiento, en símbolo, en belleza. En definitiva, crea una estética.

PAISAJE E HISTORIA

Ronda se encuentra situada al norte de la provincia de Málaga, con una superficie de 477’50 km².  La altitud sobre el nivel del mar es de 723 m.

 

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El término municipal de Ronda es una auténtica fortaleza guardada por sierras que apenas si dejan entradas y las que existen para el tráfico rodado, se sitúan por encima de los 1.000 metros de altitud. (Puerto de Viento, 1.190 m. en la carretera de El Burgo; Puerto de las Navas, 1.100 m. en la carretera de San Pedro de Alcántara y Puerto de Encinas Borrachas, 1.005 m. en la carretera de Algeciras).

Estas auténticas murallas naturales rodean la depresión de Ronda con horizontes en los que la grandiosidad de los roquedales (que desde el Oreganal a Los Merinos y desde Líbar a Las Nieves, son los señores de la sierra) aportan una singular belleza al paisaje. En el interior de este círculo montañoso el territorio es muy diferente. La suavidad del relieve se extiende desde la meseta urbana de Ronda hasta las navetas adehesadas del norte, pasando por el fondo del valle hortícola y cerealista, que desde la Indiana sube por el Guadalcobacín hasta las tierras del vecino Arriate. Y más allá de la depresión propiamente dicha, el relieve sigue siendo suave por los campos cerealistas de Montecorto y Villalones.

Si hubiera que destacar algunas zonas de especial interés paisajístico, esas serían: la Cañada del Cuerno, en la Sierra de las Nieves; el Tajo de Ronda y la Caldera, contemplados desde la ermita de la Virgen de la Cabeza; la Garganta del Arroyo del Cupil, por donde atraviesa la carretera de Sevilla; el alcornocal de Bogas Bajas (que tiene el inconveniente de ser una propiedad privada cercada) y el desfiladero del Valle de la Sijuela (el acceso es un camino de tierra con tramos estrechos).

Las excepcionales condiciones ecológicas del término municipal de Ronda hacen suponer que ya desde la prehistoria la presencia del hombre en estas tierras tuvo que ser importante, como lo prueban los numerosos hallazgos arqueológicos realizados en sus tierras y en el entorno próximo. De todos ellos hay que destacar la cueva de la Pileta (en el cercano municipio de Benaoján) y el importante número de dólmenes aparecidos en Ronda así como es sus cercanías. En el Museo Arqueológico de Málaga se muestran varias piezas encontradas en Ronda y pertenecientes a la Edad del Bronce.

Los primeros núcleos de población dentro del término parece que están unidos a la presencia de los celtas, a los que seguirían siglos después los tartessos, íberos y otros pueblos. Muchos de estos asentamientos fueron aprovechados por los romanos, consiguiendo algunos de ellos gran importancia durante el Imperio. Tal es el caso de Acinipo, a la que Vespasiano otorgó el derecho latino, al mismo nivel que poblaciones como Córdoba y Sevilla. Esta ciudad, de la que se conservan las ruinas de su teatro a pocos kilómetros de la ciudad de Ronda, por la carretera de Setenil, fue destruida en el siglo V por los vándalos.

Con la llegada de los árabes, Ronda adquiere de nuevo la importancia perdida, pero ahora ya en su nuevo emplazamiento junto al Tajo del Guadalevín. Primero con el Califato y después con los Reinos de Taifas, como capital de uno de ellos, fue una de las plazas más importantes de Andalucía desde el punto de vista militar, político y cultural hasta caer en manos de los almorávides a mediados del siglo XII.

Alfonso XI ya intentó tomar Ronda, pero no logró su objetivo. Sería en 1485 cuando cayó en manos cristianas en medio de la gran ofensiva de Fernando el Católico para acabar con el dominio musulmán en las tierras que hoy forman la provincia de Málaga. Después de la crisis poblacional que siguió a la reconquista y a la rebelión morisca, durante finales del siglo XVII y XVIII, Ronda conoció una etapa de gran auge que provocó el crecimiento de la ciudad más allá del tajo del río Guadalevín. A finales del siglo XVIII se construye el Puente Nuevo para unir la ciudad vieja con los nuevos barrios.

Durante la Guerra de la Independencia, Ronda fue una de las ciudades que más se distinguió en la lucha contra los franceses. Fueron necesarios dos años para reducirla y después de esto varias partidas organizadas siguieron hostigando al invasor desde las sierras cercanas. Esta resistencia de guerrillas dio lugar a uno de los más famosos y legendarios focos de bandolerismo de la España del siglo XIX.

Lo primero que se debe aconsejar es ir con tiempo suficiente como para recorrer toda la ciudad, que es monumental en su globalidad, siendo obligado para el visitante disponer de dos o tres días para conocer en profundidad el legado histórico-artístico que forma Ronda en su conjunto.

A pesar de ser muy difícil enunciar sus rincones de interés en tan escaso espacio, a continuación se señalan los lugares de visita obligada.

Entre lo más destacado debe indicarse la famosa Plaza de Toros, que data de 1785. Cuenta con una gran portada barroca de piedra enmarcada por columnas toscanas que sostienen un frontón con el escudo real. El interior de la plaza consta de un enorme ruedo con barrera de piedra y de dos pisos de graderías con idéntico número de arcos y columnas. Dentro del recinto se encuentra el importante Museo Taurino. La Real Maestranza de Caballería de Ronda fue fundada en 1572 por orden de Felipe II y es la más antigua de España.

Son muy interesantes las ruinas de Acinipo o Ronda la Vieja, situadas a 18 kilómetros, con un anfiteatro romano conservado en buen estado, cuya estructura básica está tallada en la roca. Acinipo llegó a tener un recinto amurallado, un templo y otros edificios públicos.

En una de las entradas de la ciudad se encuentra la Puerta de Almocabar, que forma parte de un conjunto con las antiguas murallas del siglo XII. Algo más atrás se halla la iglesia del Espíritu Santo, construida por Isabel II sobre el cementerio musulmán, cuyas obras finalizaron en el 1505. Es un edificio de exterior sobrio y austero. Consta de una nave con bóvedas de estilo gótico y gruesas columnas renacentistas. El Coro, situado sobre la puerta de acceso, es sostenido por un arco carpanel. El altar mayor es de estilo barroco, cubierto con pinturas de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés.

Los Baños Árabes se hallan en la zona de la antigua judería, lugar de agua abundante por el encuentro del río Guadalevín con el arroyo de las Culebras. Construidos probablemente en el siglo XIII, constan de un amplio edificio destinado a los baños y de una extensa zona complementaria, con jardines, patios y solares.

Un aspecto impresionante de Ronda es la conservación de sus tres puentes: el Nuevo, el árabe y el romano. El "Nuevo" es del siglo XVIII y tiene 81 metros de altura.

Otros puntos de gran valor histórico son el Palacio de Mondragón, la Puerta de Carlos I, el Arco de Felipe V, la llamada Casa del Gigante (palacio musulmán del siglo XIII), el alminar árabe de la Plaza de Abul Beka, el Palacio de Salvatierra, el arco del Sillón del Moro, la Posada de las Ánimas, y la propia Casa Consistorial.

Entre las edificaciones religiosas sobresalen el Convento de Madre de Dios, cuya primitiva estructura mudéjar quedó oculta por una bóveda barroca, la iglesia de Nuestra Señora de la Paz, el Monasterio de Santo Domingo, Santa María la Mayor, San Francisco, la Ermita de San Miguel, la iglesia del Padre Jesús, el Templete de la Virgen de los Dolores, la iglesia de Santa Cecilia, la del Socorro, la de la Merced y un largo etcétera, tomando en cuenta que llegaron a existir en Ronda más de cien conventos.

La estructura urbana es hispano-árabe, con grandes e irregulares manzanas y calles estrechas y retorcidas que se abren a pequeñas plazuelas. Dividida por el Tajo, quedan como zonas bien definidas la ciudad antigua y la cuidad nueva con el barrio del Mercadillo y el barrio de San Francisco, situado frente a la Puerta de Almocabar.

     Hay que destacar especialmente la Alameda del Tajo, finalizada en 1806 y pagada con multas de quienes eran sorprendidos en comportamientos "escandalosos", y el Mirador del Tajo, que ofrece una hermosa panorámica y que inicialmente dio a los propios rondeños una nueva perspectiva de su hermoso emplazamiento geográfico.

EL ESPACIO: El Tajo de Ronda:  Los tajos, de caliza o de arenisca, son frecuentes en la Serranía de Ronda y constituyen enclaves de gran belleza en el complejo paisajístico de esta comarca. Destaca el Tajo de Ronda, por sus dimensiones en longitud y altura, y porque sobre él se asienta la ciudad desde muy antiguo.

 

 

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El genial geólogo don José Mac-Pherson y Hemas, nacido en Cádiz, el 15 de Junio de 1839, completó su formación con estudios de mineralogía y geología en Paris y Londres, fue el primero que formuló una hipótesis sostenible científicamente para explicar la formación del Tajo de Ronda y, como siempre ocurre, no fue por casualidad, lo hizo después de conocer intensamente la geología de la Serranía a través de múltiples salidas de campo con su amigo Domingo de Orueta y Aguirre.

Observador tenaz y paciente por su estirpe escocesa, con la imaginación y originalidad que le proporcionaba su ascendencia gaditana. Entre sus numerosas publicaciones científicas cabe destacar un estudio ya clásico en la historia del conocimiento geológico de la Serranía titulado: «Memoria sobre la Estructura de la Serranía de Ronda» publicado en la Imprenta de la Revista Medica, Cádiz 1874; en la misma explica como se formó el Tajo de Ronda, contrastándose el rigor científico con la sencillez de sus palabras de fácil compresión incluso para los no iniciados en las ciencias geológicas. Con esta bella descripción nos sitúa ante los orígenes del Tajo de Ronda: «...cuando por primera vez lo observé, creí contemplar restos de algún antiguo glaciar; pero lo gastado de los cantos en general, su evidente estratificación y los restos marinos que con frecuencia se encuentran, me hicieron cambiar de parecer y me inclinó a creer sea mas bien un deposito litoral en el fondo de aquella bahía en donde se acumulaban los detritus que de esa parte de la Serranía acarreaban los antiguos torrentes.

 

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             Este deposito, gracias a los permeables elementos de que esta compuesto y a la gran cantidad de carbonato de cal que las aguas que descienden de esa sucesión de montañas calizas traen en disolución, se halla tan fuertemente cementado por esa sustancia, que constituye en general una roca en extremo coherente, y a esta particularidad se debe, en mi juicio la esencial estructura del Tajo de Ronda.

Al salir el río Guadiaro del estrecho y salvaje desfiladero en que lo aprisionan las sierras de Parauta y de la Gialda (en la actualidad Hidalga), entra en los poco resistentes depósitos Numulíticos y Terciarios, por donde se abre un ancho y apacible lecho.

De esta manera corre el río unos cuantos kilómetros, hasta que encontrando esa tenaz y resistente formación que recubre los depósitos terciarios, la socava quedando otra vez aprisionado entre las paredes verticales como al cortar la serie de calizas secundarias en la sierra de la Gialda.

Así atraviesa la ciudad de Ronda, hasta que cortada toda esa formación, vuelve a penetrar en los deleznables depósitos Terciarios.

Al llegar por segunda vez a estos depósitos, de nuevo los desgasta con facilidad suma, destruyendo al mismo tiempo la parte que constituye la base del conglomerado superior. Socavados gradualmente sus cimientos, se desploma por falta de suspensión la coherente roca en espantosa ruina, dando al Tajo ese sorprendente aspecto que `presenta cuando se le ve desde el valle.

Por un medio kilómetro viene el río encallejonado entre las verticales paredes de la angosta brecha que divide a la ciudad de Ronda en dos porciones. Esta brecha que tiene cerca de ochenta metros de profundidad termina de una forma un tanto brusca.

De repente se encuentra el conglomerado cortado a pico y en lo mas profundo del valle aparece la formación Terciaria. El río salva esta colosal ruina de mas de cien metros de elevación en una serie de bellísimas cascadas, hasta que penetrando otra vez en los blandos depósitos Terciarios corre apacible por el ameno valle cubierto de árboles frutales que es el principal adorno de la ciudad de Ronda...»

Como vemos, es mucho mas simple que lo que nos han contado tantas veces con terremotos y otras fantasías, se trata de erosión pura y dura del río Guadalevín o Guadiaro, como le llama Macpherson, sobre materiales geológicos de diferente dureza.

¿POR QUÉ EL EMPEÑO DE CONSTRUIR UN PUENTE NUEVO?

Las necesidades de crecimiento de Ronda impulsaron a los hombres del siglo XVI a intentar construir un puente en la parte más profunda de la garganta excavada por el río Guadalevín. No obstante, las dificultades técnicas eran muchas y el proyecto no llegó a realizarse.

Dos siglos después, en 1.734, se construyó un puente, de un solo arco de medio punto de 35m de diámetro, que se apoyaba directamente en la roca a ambos lados del tajo. La obra se realizó en ocho meses pero seis años después se desplomó estrepitosamente sobre el río, ocasionando la muerte de 50 personas aproximadamente.

Algunos años más tarde se iniciaron de nuevo las obras, concretamente en 1751 y finalizándose en mayo de 1793. En total se invirtieron mas de 40 años, estando al frente de las mismas D. José Martín de Aldehuela.

 

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Este puente solucionaba en gran medida el problema de comunicación entre las dos zonas del Tajo, insalvables de otra manera, dando así continuidad a la ciudad y ampliando su zona de desarrollo y expansión.

 Más allá de la dimensión de ingeniería, más allá de la técnica y del arte, el Puente Nuevo de Ronda es un símbolo. Un símbolo de unión entre las dos orillas profundas y dislocadas del Tajo, un símbolo de comunicación  y  de acercamiento entre los habitantes de la ciudad.

 Es una obra de progreso que da una nueva dimensión a la ciudad al abrir un claro camino de desarrollo y mejora de las condiciones de vida de los habitantes de Ronda. El Puente Nuevo esta ideado para dar luz y brillar con luz propia en el siglo de las luces, brillo que ha llegado hasta nuestros tiempos.

    El Puente Nuevo de Ronda desde su construcción es el monumento que simboliza a la Ciudad de Ronda en todo el mundo.

LOS CONSTRUCTORES

         En la construcción del puente intervinieron maestros de diversos oficios siendo el más destacado el arquitecto José Martín de Aldehuela, director de obras de la catedral de Málaga.

J. Martín de Aldehuela, nació en Manzaneda (Teruel) en 1719 y murió en Málaga en 1802. Arquitecto vinculado en un principio a la estética rococó, evoluciona progresivamente hacia una mayor severidad y disciplina académica. Su  formación la inicia en Teruel, donde diseña el seminario de la Ciudad. Así mismo intervino en Cuenca donde levantó la iglesia de San Antón, 1767, una de sus obras más importantes. También hizo algunas otras intervenciones en iglesias y dirigió las obras del transparente de la catedral de Cuenca. En 1779 llegará a Málaga para construir la caja de los órganos de la Catedral malagueña, vino acompañada del organero Julián de la Orden. En estas tierras estuvo trabajando hasta los últimos días, desempeñando siempre su obra con buen gusto, armonía y belleza. Sin duda alguna J. Martín de Aldehuela es un maestro de los mejores del siglo XVIII y de toda la arquitectura española. Entre sus obras en la provincia de Málaga caben destacar: Los jardines del Retiro situados en Churriana. En el diseño de Aldehuela hay tres jardines, perfectamente integrados de tal forma que parecen uno solo. «Jardín del Patio», «Jardín del Huerto» y «Jardín Cortesano», donde los árboles, fuentes, cascadas y arroyos artificiales forman un conjunto de gran belleza y armonía.

Otra obra destacada del maestro fue la Iglesia de San Felipe Neri, que se levantó de 1738 a 1785, sobre planos de Ventura Rodríguez. A la cúpula adornada con molduras mixtilíneas se le añadió una nave elíptica, a la cual Martín de Aldehuela supo otorgar un estilo personal y característico. La decoración exterior es sencilla y elegante siguiendo modelos neoclásicos.

         Desde la época de los Reyes Católicos se deseaba la construcción de un nuevo puente, que en 1734 se vino abajo, el 28 de octubre de 1785 se nombró como encargado de esta empresa a J. Martín de Aldehuela, que levantó unos nuevos planos para una obra considerada imposible de finalizar y que el maestro terminó de pilares para arriba. Muy similar a los acueductos romanos por su robustez y monumentalidad.

En la construcción del Puente Nuevo, D. José Martín de Aldehuela, siempre estuvo auxiliado por maestros alarifes de esta ciudad de los que destacan don Juan Antonio Díaz Machuca.

6.- EL PUENTE

Sobre los cimientos de otro puente, se empezó esta obra en 1.751 y se termino en el año 1.787. Construido totalmente en sillares de piedra, tiene una altura de 81 m.

El Puente Nuevo de Ronda está compuesto por tres cuerpos bien diferenciados:

1) El piso inferior hace las veces de cimentación de la obra y consiste en un arco de medio punto bajo el cual discurre el río Guadalevín. Esta parte es novedosa con respecto a las estructuras que se levantaron con anterioridad. Aldehuela considero que era vital para que el puente mantuviese la estabilidad ya que arriostra la base de las pilas.

 

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2) El segundo piso, el más grande, consiste en una estructura maciza apoyada  en las paredes del Tajo con un arco central de medio punto de grandes dimensiones.

 

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 3) En la parte superior, se encuentran las dependencias del puente, utilizadas antiguamente como prisión (actualmente en esas dependencias se encuentran un Centro de Interpretación del Puente que, a mi parecer, deja mucho que desear ya que la información facilitada por el mismo es escasa y de poco rigor)  así como dos pequeños arcos de medio punto a ambos lados que sostienen la estructura sobre la que discurre la calle. A ambos lados de la calle hay cuatro balcones que permiten obtener una visión vertical del monumento desde donde se aprecian los casi 100 m de desnivel.

 

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Para la construcción del Puente Nuevo se utilizó  la piedra del fondo del Tajo, pudiéndose observar huellas de la extracción de los sillares. La piedra, robusta y solemne, ha sido el material que durante mas tiempo ha empleado el hombre en la realización de puentes. Para la elevación de estos sillares se idearon ingenios, casi todos ellos basados en juegos de poleas que hacían fácil el manejo de grandes bloques.

         Un hecho que diferencia las construcciones de puentes es que éste adquiere la forma de la estructura sobre la que esta sustentado. Podemos pensar que en esta época la finalidad del puente era simplemente "resistir". Actualmente los conocimientos en calculo de estructura nos permite dotar de un cierto diseño a los puentes.

ESTÉTICA DEL PUENTE

         Como comente al principio de este artículo, la estética esta definida por la percepción de lo bello.¿Pero que es lo bello?, O mejor, ¿quien decide lo que es estético? Es indudable que el término estético es subjetivo ya que cada uno percibe las cosas de distinta manera  e incluso una misma persona puede tener sensaciones distintas en momentos distintos de su vida hacia un mismo elemento. Sin embargo hay ciertas obras (naturales o artificiales) que producen un impacto en toda persona que la observa sea por el motivo que sea.

 

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El Puente Nuevo de Ronda es una de esas obras que deja su impronta en quien lo visita. Alto, fuerte, majestuoso,  dueño y señor del Tajo y a la vez siervo de quien lo atraviesa. Una vista impresionante, una magnífica obra de ingeniería.

A la hora de concebir un puente podremos o no tener en cuenta el lugar que lo acoge pero la magnitud de la obra es tal que a partir de su realización el lugar no podrá ya explicarse sin tener en cuenta la presencia del puente. Desde entonces la obra y el lugar establecerán un dialogo permanente creando un nuevo paisaje. El Puente Nuevo es una de esas obras que saben mimetizarse con la zona en la que esta situada y no precisamente porque pase desapercibido, sino por todo lo contrario, es decir, el Tajo ya seria impresionante por si solo y el Puente lo que hace es remarcar esta fortaleza. La acentúa hasta tal punto que una vez que  has visto el conjunto no eres capaz de imaginarte el uno sin el otro.

El Puente Nuevo de Ronda, no sólo es un sitio excelente para disfrutar de la impresionante vista sobre el Tajo, o de la Serranía de Ronda, sino que a la vez es una obra maestra de la arquitectura y la ingeniería del S. XVIII.

Por su popularidad y espectacularidad, el Puente Nuevo se ha convertido desde su construcción en el monumento más visitado de Ronda y en el símbolo de la ciudad.

Quiero dejar una reflexión sobre lo que consideramos hoy a cerca de la estética de la obra civil. Muchos autores parecen que buscan esta estética deliberadamente en sus construcciones proyectando obras faraónicas en la que la máxima parece ser que todo es técnicamente construible, máxima que considero errónea ya que se pueden conseguir elementos estéticos sin tener que dotar a las obras de excesiva complejidad.

Termino con una cita de Richard Ford, uno de los extranjeros que mas amo esta tierra:

      "Los que van buscando pintoresquismo comenzarán por el viejo puen­te de San Miguel y bajarán al molino que hay al fondo. El puente moderno, que en el otro extremo de Ronda abarca un abismo de casi trescientos pies de anchura y une a la ciudad nueva con la vieja, fue construido en 1761 por José Martín Aldeguela: en pie sobre él «se marea uno al mirar hacia abajo». Para ir a ver los molinos moros del valle hay que bajar, saliendo de Ronda por el castillo viejo. La vista, desde ellos, mirando hacia arriba, al puen­te suspendido de las nubes, no tiene rival. El arco que abarca el Tajo cuelga de unos seiscientos pies de altura, como el del Corán, entre el cielo y el abismo sin fondo; el río, que, negro como la estigia, ha estado largo tiempo luchando, oído, pero no visto, entre las negras sombras de su prisión rocosa, escapa ahora, lanzándose gozosa­mente hacia la luz y la libertad; las aguas hierven al sol reluciente, y relucen también ellas como el dorado cha­parrón de Danae. El gigantesco elemento salta con brin­cos de delirio de una roca a otra, hasta que, finalmente, roto, golpeado y fatigado, se disuelve en un suave arroyo, que se va, como la felicidad, desapercibido, bajando por un verde valle de flores y frutos; es una parábola, y no mala, de la vida del viejo español, que terminaba en el quietismo del monasterio después de una vida pasada en la guerra, las dificultades y las emociones. No hay más que una Ronda en todo el mundo, y este Tajo y su cascada constituyen su corazón y su alma. La escena, su ruido y movimiento, desafían a la pluma y al lápiz, y, como Wilson ante las cataratas de Terni, no nos queda más remedio que exclamar: «¡Muy bien, roca, muy bien, agua, por Dios bendito! "

 

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BIBLIOGRAFÍA

- AA. VV. Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. XXI Edición,1992.

- AA. VV.  Diccionario Enciclopédico Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1988.

- AA. VV. Gran Enciclopedia del Mundo, Durvan, S.A. Bilbao, 1972.

- Font Solá, Xavier. "El puente: Forma, espacio y lugar." Revista de Obras Públicas, nº21 Otoño 1991.

- Ford, Richard. Manual para viajeros por Andalucía y lectores en casa. Ediciones Turner. Madrid, 1980.

- Ministerio de Fomento: Entrega de los premios nacionales de Arquitectura e Ingeniería Civil 2001. Intervención del Ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos. Madrid 6 de febrero 2003. 

- Ministerio de Fomento: Entrega de los premios nacionales de Arquitectura e Ingeniería Civil 2002. Intervención del Ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos. Madrid 18 de febrero 2004.

- Muñoz Roldan, Juan Luís. "Los habitantes del Tajo". Revista La Serranía. nº 23, 2004.

- Navarro Vera, José Ramón. "La estética del puente: De Rivera a la Golosina Visual". Revista de Obras Públicas, nº 21 Otoño 1991.

- Samaniego, F. Primera bienal Iberoamericana de Arquitectura e Ingeniería Civil. 

 Publicación de El País Digital 10-10-98.
 
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