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SUPERSTICIONES Y CREENCIAS POPULARES DE GAUCÍN

 

Por Miguel Vázquez González

 

         Las supersticiones son recuerdos de mitos y miedos infantiles no superados, como el miedo al coco, al tío Cachucho, al tío del Saco, al tío de la Sangre, a la oscuridad, miedo a quedarse solo, etc. Estos episodios de miedo y ansiedad aparecen en el hombre mucho antes que la figura protectora de la madre y, por tanto, son inherentes a la condición humana.

 

           El hombre, para una vida plena, necesita del mito, de lo misterioso, de lo mágico; pero, al mismo tiempo, en orden a su bienestar psicológico, también necesita contar con los elementos protectores necesarios que contrarresten, en determinadas ocasiones, las fuerzas y misterios que por sí solo no puede controlar. El hombre a la hora de hacer frente a las supersticiones cuenta con un verdadero arsenal de elementos protectores entre los que figuran los amuletos, los conjuros, los ritos y todas aquellas actitudes conducentes a eliminar o, al menos,  paliar los efectos  del maleficio.

 Las  supersticiones tienen "vida" en el sentido de proporcionar modelos a la conducta humana y conferir valor y significación a la existencia. Sin embargo, los mitos dan respuestas a las cuestiones más profundas y más graves que un ser o grupo humano se plantea. «En definitiva, según Mircea Eliade, los mitos revelan que el mundo, el hombre y la vida tienen un origen y una historia sobrenatural, y que esta historia es significativa, preciosa y ejemplar».

Desde un punto de vista más científicamente elaborado, el término superstición equivale a creencia o práctica que unas veces es reminiscencia de culturas anteriores; otras, psicosis colectiva o, epidemia mental resultante de la desesperación de una transformación económica, sin la intelectual correspondiente.

A veces, perdido el freno de la religión superior y dando pábulo a ella, las mismas personas obligadas a combatir las supersticiones caen el ellas.

No en pocas ocasiones, individuos que presumen de ilustrados, distinguidos y despreocupados, por el efecto del contagio, las viven amalgamadas con prácticas devotas, con otras mundanas, con lucubraciones de vana ciencia o con trasnochados procedimientos terapéuticos.

Sus consecuencias individuales abarcan toda la escala, desde la nimiedad inofensiva hasta el crimen más repugnante.

 Las supersticiones son muchas y entre las más corrientes cuentan la de creer que derramar sal, cruzarse con un gato negro, romper un espejo y pasar por debajo de una escalera de mano apoyada en la pared trae mala suerte; que la trae buena encontrar una herradura o un trébol con cuatro hojas, y otras simplezas por el estilo.

La inmensa mayoría de las supersticiones que se conocen, y que aún persisten en Gaucín,  han tomado carta de identidad a través de los siglos para tratar de explicar la mala fortuna del ser humano, acrecentar los mitos, tratar de dar explicación a ciertas preguntas existenciales que nos superan y dar salida a los miedos que nos atenazan.

Ni el paso del tiempo ni los adelantos tecnológicos han podido desterrar estas creencias, que se han adaptado a las necesidades sociales de cada generación. Al margen del nivel socio-cultural, todos somos propensos a creer en alguna clase de superstición.

Por mucho que nos empeñemos ni la educación ni la cultura inmunizan contra la creencia en las supersticiones. Por tanto, las supersticiones y creencias míticas, que, con más o menos intensidad, nos acompañan desde la infancia, influyen de una forma definitiva en nuestra forma de ser y de sentir.

Para el lector interesado en el tema, presentamos un ramillete de las supersticiones y creencias populares más significativas de Gaucín; unas universales, otras, locales y  que, a buen seguro, compartimos con otros muchos pueblos del entorno.

«Romper un espejo trae muchas desgracias».

Esta superstición, como muchas otras que veremos, nos viene desde la antigüedad. Tiene su explicación en que los antiguos utilizaban el espejo como elemento mágico de adivinación, por lo que, si se rompía era para ahorrarse mostrar una cara terrorífica de la realidad presente o del futuro más inmediato. La rotura de un espejo, según se cree, conlleva el cumplimiento de siete años de maldición o desgracia. Igualmente, se cree que el dueño del espejo roto perdería de inmediato a su mejor amigo. El  tiempo que duraba el maleficio, siete años, se fundamenta en una creencia de la antigüedad, por la que se creía que siete años era el tiempo que un cuerpo tardaba en renovarse.

«Derramar sal, trae muy mala suerte».

El origen de esta superstición se remonta a 3.500 a.C., época en que la sal era considerada incorruptible y se convirtió en un símbolo de la amistad. Por eso, volcar el salero y derramar la sal significaba el quebrantamiento de una relación, creencia que se ha mantenido hasta nuestros días. La sal es un elemento esencial para la vida del hombre y un bien muy preciado; por ello, en la antigüedad las minas de sal eran propiedad de los reyes que ejercían un férreo control de la producción y del comercio de la sal. Era tanta la importancia de este producto, que la palabra salario procede de sal y equivalía a la cantidad de sal que el Rey entregaba como paga a los esclavos por el trabajo en las minas.

También la sal era considerada por los antiguos romanos como un arma de guerra. Con ella esterilizaban los campos del enemigo y dejándolos   improductivos por mucho tiempo.

         Esta superstición, como otras muchas, cuenta con su correspondiente conjuro o antídoto capaz de contrarrestar el efecto maléfico o mal «fario». Para ello, basta con coger una chispa de la sal derramada con la mano derecha y echarla por encima del hombro izquierdo. El hombro izquierdo es, según la tradición, el elegido para apaciguar al diablo.

«Derramar aceite, trae muy mala suerte».

El origen de esta superstición se remonta igualmente a la antigüedad, donde el  olivo y su producto más apreciado, el aceite u óleo, fueron sagrados. El olivo es el primer árbol que se menciona en el Génesis (Cáp. 8) – la paloma que salió del Arca vuelve con un ramo de olivo, y lo entregó a Noé. Según la mitología griega, Minerva, diosa de la sabiduría, queriendo producir el objeto más precioso para el hombre, da un fuerte golpe en el suelo con la lanza que llevaba, y nace al punto un olivo. El primer uso a que se le destinó fue para hacer coronas con las cuales premiaban a los generales victoriosos; y,  por espacio de mucho tiempo, constituyó la única enseña de la gloria y de los triunfos, el emblema de la paz en todas las naciones. Los atenienses tuvieron en tal veneración al olivo, como que no sólo simbolizaron el él la sabiduría, la abundancia y la paz, sino que también prohibieron por una ley especial, que ningún propietario pudiera arrancar más de dos olivos al año, bajo pena de crecida multa.

         No le tributaron menos honores los romanos. Plinio dice que no era permitido dedicarlo a ningún uso profano; solo podía quemarse su madera en los altares de los dioses. Tanto las culturas antiguas, como las actuales, han tenido en gran estima al aceite. De ahí, que derramarlo fue considerado señal de ruina y mala suerte.

«Derramar vino es señal de alegría».

Sin embargo,  no ocurre lo mismo con el vino, que por idénticos motivos culturales, el derramarlo no es maléfico, al contrario, es señal de buena suerte y sobre todo de alegría.

«Colocar el pan boca abajo en la mesa, clavar un cuchillo en el pan, tirar el pan al suelo o a la basura trae muy mala suerte».

Se dice que colocar el pan boca abajo en la mesa, clavarle un cuchillo, dejarlo caer al suelo o tirarlo a la basura trae muy mala suerte, por tratarse en realidad de una ofensa al cuerpo de Cristo.

Los gaucineños aprendimos de niño el conjuro para contrarrestar  el efecto maléfico, éste consiste en recoger el pan del suelo  y besarlo rápidamente. De pequeño, siempre oír decir a mi madre lo siguiente: «Si se cae un trozo de pan al suelo hay que cogerlo y con respeto darle un beso, porque el pan es de Dios».

«Matar golondrinas o romper sus nidos es malo».

Tiene su origen en los primeros tiempos del Cristianismo. Según la creencia popular, fueron golondrinas las que quitaron al Señor las espinas de la corona. Por ello, aquel  que rompe nidos de golondrinas, las coge o las mata, como castigo le salen golondrinos en los sobacos.

«En trece y martes, ni te cases ni te embarques»

La superstición en torno al número trece, de sorprendente actualidad, tiene su origen en la Última Cena de Jesucristo, después de que Judas lo delatase. En aquella ocasión eran trece a la mesa, y desde entonces se cree que las desgracias ocurren siempre que se reúnen, se nombra o se escribe el fatídico número trece.  Si en el calendario coinciden trece y martes el fario es doble. El mal «bajío» del martes viene desde muy antiguo. Desde tiempo inmemorial se ha considerado al martes día aciago por ser este el día del planeta  Marte, dios de la guerra y las desavenencias.

La muerte

El hombre es el único ser de la creación capaz de ser consciente de la muerte. La muerte constituye un hecho incomprensible para cualquier persona, por la única razón de estar reñido con el ansia de perdurabilidad de los individuos. Por lo general, el hombre no admite la idea de la desaparición total después de la muerte, por ello, considera a la muerte como un transito hacia otra vida, dando de esta manera satisfacción a las aspiraciones de trascendencia inscritas en la mente humana.

 Esta conciencia ha dado lugar a lo largo de la historia de la humanidad a ritos, creencias y supersticiones relacionadas con el último trance de la vida.

He aquí un puñado de creencias supersticiosas relacionadas con la muerte.

«Cuando aúllan los perros durante la noche, barruntan la muerte de alguna persona».

«Mecer la cuna vacía de un niño es malo, porque éste morirá».

«No se debe apuntar a nadie con la escopeta, porque la carga el diablo».

«Al ir por la acera es malo pisar raya, porque si mueres vas al infierno».

«Terminar una prenda de vestir en domingo es malo, porque sirve de mortaja». (Si es necesario se estrena con un botón menos o con algún pequeño detalle sin terminar, de esta manera desaparece el maleficio).

«SI ERES ALMA DEL OTRO MUNDO, DIME QUIÉN ERES Y QUÉ QUIERES»

Las apariciones de los espíritus de los difuntos están íntimamente relacionadas con el tema de la muerte que nos ocupa.

 Que los espíritus de los muertos salen, en los sueños, a los vivos para pedirles tal o cual deseo, es creencia popular muy arraigada en nuestros pueblos. Siempre he oído decir que: - Si en alguna ocasión te saliera el espíritu de difunto, debes hacer la señal de la cruz y a continuación preguntarle: «Si eres alma del otro mundo, dime quién eres y qué quieres». Generalmente, estos espíritus suelen ser almas que padecen tormento en el Purgatorio y necesitan sufragios, es decir, misas  y oraciones, para poder subir al cielo. Por ello, siempre que esto ocurra hay que complacer sus requerimientos, so pena de sufrir las consecuencias. 

Tormenta y lluvia.

La tormenta, con sus componentes, el rayo que fulmina y mata, y el trueno que aturde y sobrecoge el espíritu, escapa de todo control humano. Por ello, despierta en el hombre la angustia y el miedo a lo imprevisible, siendo estas circunstancias la causa generadora de muchas creencias y ritos para conjurarlo. Lo mejor que puede pasar es que no haya tormenta ; y si se forma, que se aleje lo más rápidamente posible. Si a pesar de nuestros deseos, la tormenta se nos viene encima, lo más socorrido es, en nuestra cultura, acordarse de Santa Bárbara y recitar :

                       «Santa Bárbara bendita,

                        que en el cielo está escrita,

con papel y agua bendita

al pie de la Santa Cruz,

Padre nuestro, amén Jesús».

     También, para librarse de las tormentas se tirarán a la entrada de la casa tres piedrecillas, chinas, de las cogidas al aparecer el Aleluya la noche del sábado  de Gloria.

Igualmente, nos libraremos de la furia de las tormentas colgando un rosario detrás de la puerta de la casa y recitando la siguiente oración anterior: «Santa Bárbara bendita...».

La lluvia.

         Las  sociedades agrícolas vivían todo el año pendientes del cielo. Acostumbraban a observar sistemáticamente a los astros y a los fenómenos meteorológicos, (lluvia, viento, nieve, granizo, etc.), para,  sobre estas observaciones, hacer sus propias predicciones. Generalmente,  solían asociar fechas, lugares, aspecto de algunos astros y fenómenos meteorológicos y con estos datos sentar las bases para posteriores creencias. Pocas veces fallaban. He aquí algunas de las creencias más arraigadas entre  las gentes de Gaucín:

«Lloviendo por San Canuto, llueve tres meses justos».

«Lloviendo por Santa Bibiana, llueve siete semanas».

«Lloviendo para la Ascensión, albaricoques para el Señor».

«Si se oye el pito del tren agua segura, es decir, señal de lluvia».

«Si la Sierra Hacho tiene neblina en la cima, lluvia segura».

«Si la luna tiene cerco, señal de agua, es decir, que va a llover».

«El arco iris indica que ya no habrá más diluvios universales».

«Soñar con vacas o con toros, señal de agua, es decir, que va a llover».

«Soñar con bichas,  culebras, señal de agua, es decir, que va a llover».

«Tarde de arreboles, mañana de soles».

«Abrir el paraguas bajo techo».

Esta superstición es de origen inglés, en el siglo XVIII se creía que abrir el paraguas bajo techo deba mala suerte por la negatividad que existía entre el paraguas y la casa, ya que la casa daba suficiente protección sin necesidad de otra. El que abría un paraguas bajo techo, se decía, que moriría antes  de que acabase el año.

Otras creencias relacionadas con el mundo agrario de nuestros antepasados.

«Cuando el Camino de Santiago está situado por encima del Convento del Carmen, maduran las uvas».

«Sembrar habichuelas en la luna de mayo, es no coger una».

«Los pollos de San Juan al muladar». (No echar la clueca en junio).

«Pan, uvas y quesos saben a besos».

« Para tener buena memoria es bueno tomar rabos de pasas en ayunas».

«Si el cuco no cante tres días antes de abril, o la cuca se ha muerto o el fin del mundo del mundo va a venir».

«Criar palomas trae mala suerte».

«Para que a los guarros no les entre ninguna enfermedad, se cuelga un sapo en la pocilga o cochinera».

«Para que salgan pelos en el bigote y en el pubis, hay que untarse con cortezas de tocino añejo».

«Echar a los pollos un grano de pimienta al nacer es bueno, porque les da “caliá”».

«A lo pavos pequeños hay que darles de comer afrecho con ortigas, porque les da “caliá”».

«Para que agarren las flores, hay que robar los plantones».

«Estornudos»

         Al estornudar debemos decir: «Jesús, María y José», para no reventar.

En la antigüedad se creía que el estornudo era síntoma de diversas enfermedades y epidemias. Por  ello, la persona que estornudaba era considerada un individuo enfermo y el estornudo en sí era temido como un signo de mal agüero.

Igualmente, cuando se abre la boca (bostezo) debe hacerse la señal de la cruz para que no entre el demonio en el cuerpo.

«Encontrar cosas perdidas».

Para encontrar una cosa u objeto perdido, se echa un nudo fuerte en el pico del pañuelo o cualquier otra prenda y se pronuncia el siguiente conjuro:

«San Cucufato,

los cojones te los ato,

hasta que no me aparezca

no te los desato».

«Pasar bajo una escalera»

Al abrir una escalera de mano o al apoyar una escalera sobre la pared y el suelo, se construye un triángulo. Antiguamente se creía que el triángulo era un símbolo sagrado. Por eso, pasar bajo el triángulo estaba considerado como, falta grave hacia lo sagrado, es decir, un sacrilegio y, señal de mala suerte. Sin embargo, podemos romper el maleficio de tres formas: 1ª, cruzando los dedos al pasar, 2ª escupiendo una vez bajo la escalera y 3ª escupiendo tres veces después de cruzarla.

«Cruzarse con un gato negro trae malos presagios, muy mala suerte».

El gato era considerado por los antiguos egipcios como una reencarnación de los dioses y, por ello, considerado digno de veneración, Sin embargo, algunos siglos después, la Iglesia Católica consideró a los gatos negros como la reencarnación del diablo, con el que se les identificaba por ser el negro el color de la noche, y los condenó a la hoguera. Para que sea señal de la mala ventura, el gato debe ser totalmente negro, cruzar por la izquierda o también huir de uno y  alejase. Por el contrario, es señal de buen bajío si el gato negro nos sale al encuentro o cruza por la derecha de nosotros. Además del gato negro, hubo un tiempo en Gaucín que todo lo negro tenia mal fario

«Mal de ojo».

Desde antiguo existe la creencia de que una persona podía quedar atrapada en la pupila de un ojo, debido a que se reflejaba en la misma. Por eso, desde la Antigua Roma hasta la Edad Media, se solía sacrificar en la hoguera a las personas que  padecían de cataratas u otros defectos visuales. En nuestro pueblo está muy arraigada esta superstición. Siempre ha habido personas que lo hacen y personas que lo conjuran. Las victimas suelen ser niños pequeños, personas mayores, animales e incluso macetas con plantas. Los síntomas de este misterioso mal son vómitos, fiebre, diarrea, abatimiento general y, en ocasiones, en los casos más graves, a los aojados se les abren las fontanelas, llegando incluso a morir. Una vez que se ha producido el mal de ojo es necesario acudir a la mujer que lo cura, “persona con gracia”, para que lo conjure y  de esta forma sanar. Como amuleto se utiliza la torvisca de dos formas; una se debe colocar debajo del colchón de niño una cantidad de torvisca equivalente al peso del mismo y llevar colgada al cuello una cruz hecha con una mata de torvisca hasta sanar.

«Encender tres cigarros con el mismo mixto, trae mala suerte porque uno de los tres morirá antes de un año».

Superstición nacida a raíz de la última guerra civil española. Cuentan que en la guerra tres soldados encendieron sus cigarros con la misma cerilla. Al parecer el enemigo vio la llama del primero, apuntó con su fusil al segundo y disparó sobre el tercero.

«Hipo»

«El hipo desaparece aguantando la respiración. También, bebiendo tres buches de agua, recitando ensalmos o llevándose un susto».

El molesto e inoportuno hipo no es más que un movimiento convulsivo del diafragma, que produce una respiración violenta, entrecortada y ruidosa. Es creencia infantil muy generalizada, muy arraigada en nuestros pueblos, que para quitar el hipo basta con hacer tal o cual cosa. Con tal fin existen bastantes remedios populares tales como: decir conjuros, beber tres buches de agua, recibir un susto o una sorpresa de improviso y muchos más. De entre todos esto remedios, el conjuro es el más interesante desde el punto de vista de la literatura infantil de tradición oral. La fórmula de conjuro admite variantes, según la diga la persona que padece el hipo, para quitárselo a sí misma, o se diga para que le desaparezca a otra.

«Hipo va, hipo viene

                        y mierda

para quien lo tiene».

 

Otra versión, ésta menos utilizada en Gaucín.

 

«Hipo, hipo tengo,

a mi amor se lo encomiendo ;

si me quiere bien,

que se quede con él,

si me quiere mal,

que se vuelva para acá».

 

Una de Cuernos.

«Cuando alguien se da un coscorrón en la frente, para que no le salgan cuernos, debe escupir una saliva».

La menstruación, el periodo o la «cosa».

Muchas culturas y religiones de la antigüedad consideraban a la mujer impura cuando estaba con la regla e incluso eran apartadas de la comunidad durante los días que duraba la misma, de ahí que, aún hoy, se mantengan algunas creencias y supersticiones  sobre el tema. Concretamente en Gaucín, el periodo se mentaba   con la palabra tabú «la cosa». Es lo intocable o prohibido por ser sagrado, terrible y peligroso, presente en un acto o en un objeto, capaz de desencadenar tremendos males.

Leamos un ramillete de creencias gaucinenses relacionadas con el periodo:

     «Las mujeres con la “cosa”  no deben hacer morcillas, porque se revientan».

«Las mujeres con la “cosa” no pueden pasar cerca de una calera cuando está cociendo, porque esta sale cruda».

«Las mujeres con la “cosa” no deben tocar flores, porque en esos días tienen las manos “cálias” y se secan».

Cagar y mear.

«Jugar con candela es malo, porque por la noche te meas en la cama».

«Cuando varios zagales van al campo a cagar o a mear y alguno no puede hacerlo, se le conjura del siguiente modo: Rana, rana, que te entre ganas».

«Comer chumbos y “granás”, atascan, estriñen».

«Cuando varios zagales están cagando en el campo, se mide la distancia con los brazos en cruz, para que no caiga un rayo».

«Cuando se ve un perro cagando se enganchan los dedos, el perro se espanta y no puede cagar».

Sueños.

El mundo de los sueños es un mundo que escapa a mis cortas entendederas y conocimientos sobre el tema, por eso creo que sería objeto de un tratado aparte. Sin embargo, no me resisto a transcribir algunas de las creencias populares más arraigadas en nuestro pueblo y que hacen alusión a los sueños.

«Soñar con vacas, señal de agua, es decir, que va a llover».

«Soñar con toros, señal de agua, es decir, que va a llover».

«Soñar con culebras “bichas”, señal de agua, es decir, que va a llover».

«Soñar con muertos, saber de vivos».

«Soñar con agua clara, lágrimas».

«Soñar con agua turbia, trae buena suerte».

«Para poder sacar un tesoro tienes que soñarlo tres noches seguidas y no decirlo a nadie, porque el dinero huye y no se encuentra».

«Si rezas a las ánimas benditas, éstas te despertarán a la hora que les pidas»

Excrementos humanos y  de perros

«Hablar de mierda es buena suerte, toca la lotería».

            «Pisar mierda de perro da buena suerte».

            «Si te arrascas el culo, mañana jureles»

            Días de la semana

      «En martes, ni te cases, ni te embarques.

«El Domingo de Ramos al que no estrene nada se le parten las manos».

«Terminar una prenda de vestir en domingo es malo, porque sirve de mortaja». (Si es necesario se estrena con un botón menos o con algún pequeño detalle sin terminar, de esta manera desaparece el maleficio).

Insectos y culebras.

«Pasar por debajo de una salamanquesa es malo porque si te escupe, se te cae el pelo».

«Si ves una moscarda volar o posada junto a ti, vas a recibir noticias o la visita e un ser querido».

«Si te visita un abejorro rubio es señal de buenas noticias, pero si es negro trae malos presagios».

«Hablar de piojos es buena suerte».

«Hablando de piojos, pica todo el cuerpo».

«Si echamos en un recipiente con agua un pelo con su raíz, éste se convierte en culebra».

Hormiguilla y orzuelos

         «Cuando entra hormiguilla, es decir, se queda dormido un pie, se hace una cruz con saliva en el zapato y la hormiguilla desaparece».

         «Cuando se tiene un orzuelo, se hace un montoncito de piedras procurando restregar la última en el ojo malo; aquel o aquella que primero tire el montón de piedras le saldrá el orzuelo».

OTRAS CREENCIAS POPULARES GAUCINEÑAS:

«Cuando un niño mira fijamente a una persona que está comiendo, ésta le dará algo de comida para que no se le salte la hiel».

«Cuando te zumba el oído es que te están mentando».

«Si te pica la palma de la mano, es que vas a tomar dinero».

«Si te pica la nariz, señal de que tendrás peleas».

«Cuando te pones alguna ropa al revés, señal de que te van a regalar algo».

«Para que las visitas se vayan pronto, colocaremos la escoba o unas tenazas detrás de la puerta».

«Tirar a la candela uñas y pelos en malo, porque se vuelve uno loco».

«Cuando a una persona le barren los pies, le aborrece la suegra»…

 

(Continuará con la colaboración de mis lectores, aportándome cualquier otra superstición o creencia popular de Gaucín que conozcáis y que a mí se me haya quedado en el tintero)

 
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